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La pareja presidencial

Por Guadalupe Loaeza

Hace 23 segundos

Decía el cineasta, dramaturgo y filósofo francés Sacha Guitry que no había nada más misterioso que una pareja: ¿por qué siguen juntos si se odian?, ¿por qué se separan si no pueden vivir uno sin el otro?, ¿de qué platican por las noches si, durante el día, no se dirigen la palabra?, ¿por qué dejan de hacer el amor si tanta falta les hace?, ¿qué tanto los unen, hasta que mueran, sus respectivos resentimientos? y, por último, ¿por qué se casaron? Esto fue exactamente lo que me pregunté al ver a la pareja presidencial el 15 de septiembre pasado cuando ambos se dirigían hacia el balcón de Palacio, donde la Presidenta daría El Grito.

Mientras la pareja presidencial avanzaba por los largos corredores no pude evitar observar debido a su lenguaje corporal, a su expresión facial y al modo de darse la mano, a un matrimonio totalmente acartonado, rígido y demasiado solemne; ambos tenían una expresión de absoluta infelicidad a pesar de que se encontraban en una noche de alegría y de celebración del 216 aniversario de la Independencia.

La Presidenta de falda larga negra y una blusa bordada preciosa de todos colores, tenía un gesto adusto, lo cual la hacía verse aún mayor. Los dos caminaban como en cámara lenta, como si se hubieran encontrado en un pantano cubierto de lodo. Su marido, Jesús Tarriba tenía cara de entierro, como si en esos momentos hubiera querido desparecer. Como si ser el consorte de la Presidenta no hubiera sido su lugar. Su mente, lo más probable, es que se hubiera encontrado muy lejos. Daba pesar verlo tan fuera de lugar y tan ajeno a toda esa escenografía como de una mala película mexicana de los cincuenta.

Era tan evidente la escena tan falsa y forzada que proyectaba la pareja presidencial, que a partir de esa misma noche de El Grito, comenzaron en todas la redes a parecer los memes, mostrando a Tarriba vestido de traje oscuro con camisa blanca y corbata roja, igualito a “Largo” (conocido en inglés como Lurch, el mayordomo de la familia Addams quien medía casi dos metros), que se volvió viral debido a la altura de Tarriba, su postura ultrarrígida, su rostro totalmente inexpresivo y sus movimientos muy lentos.

Era imperturbable ante las circunstancias tan festivas, ni una sonrisa, ni un gesto de solidaridad frente a su pareja. La verdad es que al ver tantos memes, burlándose del marido de la Presidenta, me deprimí y me preocupé. “¿Pero qué necesidad?”, me pregunté. “¿Por qué la Presidenta expone a su marido a ese grado, por qué tiene que acompañarla a fuerzas, a sabiendas que él de plano no encaja en dichos eventos? ¿Qué Claudia no tendrá la suficiente autocrítica para darse cuenta que Jesús Tarriba se siente completamente incómodo ante ese tipo de ceremonias?

“¿Por qué no ensayaron antes o de plano contraten entre los dos un maestro de yoga, un asesor en imagen política?” Los dos tienen que aprender a caminar, a respirar y a relajarse, de lo contrario parece un matrimonio en el cual se respira el desamor y la falta de complicidad. Como bien decía Milan Kundera, quien acuñara el concepto de “imagología” en su obra titulada La inmortalidad (1990). En relación al triunfo de la apariencia, el escritor checo sostuvo que la imagen creada pesa más que la realidad o las acciones reales de una persona o Gobierno. “Los algoritmos permiten que la imagología se adapte a cada usuario. Ya no se crea una sola imagen para masas, sino microimágenes personalizadas que apelan a los deseos específicos de cada perfil digital”.

Cómo entender la imagen de la pareja de la noche del 15 de septiembre, si la comparamos con la de la Presidenta al otro día, durante el Desfile Cívico Militar acompañada de su Gabinete y de los presidentes de las Cámaras del Congreso y la Corte y un enorme despliegue muy festivo de más de 15 mil elementos, de las Fuerzas Armadas, aeronaves, caballos, drones, contingentes con nombres como “Fraternidad Solidaria” y “Raíces de Honor”. Allí Sheinbaum, vestida con un traje rojo, habló como comandanta suprema con mensajes enérgicos sobre nuestra soberanía (México no se vende). La Presidenta se veía radiante, feliz, poderosa y hasta rejuvenecida.

Ese día Jesús Tarriba solo estuvo unos momentos con la Mandataria, a quien ella describe como “tranquilo, comprensivo, solidario y sentimental”. Y las crónicas dicen que es de “perfil discreto”, “bajo perfil” y “papel reservado”. En otras palabras, inexistente.

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