La epidemia de asesinatos a periodistas en México no cesará mientras los gobiernos federal, estatales y municipales no establezcan mecanismos eficaces de protección ni garanticen el ejercicio de informar. Quince colegas han muerto de manera violenta en lo que va del año. En Estados Unidos, también estuvo a punto de ser asesinado el escritor Salman Rushdie, símbolo de la lucha por la libertad de expresión, tema que aborda Édgar London en la nueva edición del bisemanario «Espacio 4».
«El extremismo religioso se hizo presente una vez más cuando Hadi Matar, de 24 años, atacó al escritor británico-estadunidense de origen indio Salman Rushdie, el 12 de agosto, previo a una conferencia suya en Nueva York. ¿El motivo? La novela Los versos satánicos, publicada por Rushdie hace 34 años, que le valiera una fatwa en su contra por considerarla el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán, una obra blasfema y, por tal causa, exhortó a los musulmanes a asesinar a su autor.
»Los sucesos tuvieron lugar en el Chautauqua Institute, un centro educacional y de retiro donde Rushdie se aprestaba a hablar sobre Estados Unidos como refugio para escritores y otros artistas en el exilio. El ataque duró apenas alrededor de 20 segundos, pero fueron suficientes para que el agresor, armado con un cuchillo, hiriera de gravedad al escritor. El agente federal asignado para la custodia de Rushdie intervino e hizo el arresto. “Este tipo subió corriendo a la plataforma y comenzó a golpear al señor Rushdie. Al principio uno piensa, ‘¿Qué está pasando?’ Luego quedó muy claro en unos segundos que lo estaban golpeando”, relató el rabino Charles Savenor que era parte del público.
»Herido en el cuello, brazos y abdomen, Rushdie, de 75 años, permaneció conectado varios días a un ventilador; ya se recupera, pero podría perder un ojo. (…) Nathaniel Barone, abogado de Hadi Matar, comunicó a los medios que su cliente se declara inocente de los cargos de intento de asesinato en segundo grado y asalto.
»Trasgredir los límites es característica natural de la narrativa de Rushdie. Heredero del realismo mágico —corriente nutrida por el boom latinoamericano—, en sus textos los acontecimientos cotidianos se mezclan continuamente con elementos fantásticos. Sus temas suelen calar en circunstancias sociales y políticas. Inconforme con los estándares preestablecidos, Rushdie ha puesto en duda desde la manera pacífica de resistencia enarbolada por Mahatma Gandhi hasta el valor simbólico y económico del Taj Mahal. Uno y otro, símbolos de India. No es de extrañar entonces que también arremetiera contra la religión. Aunque, como él mismo confesara en su artículo “El problema de la religión”, no le concediera mayor importancia que al resto de los temas por él cuestionado. “Nunca me consideré un escritor preocupado por la religión, hasta que una religión empezó a perseguirme”, expresó entonces. Agrega que el problema no reside solo en el integrismo islámico, sino también en el fanatismo cristiano.
La declaración de la fatwa en su contra pronto tuvo consecuencias fatales. Hitoshi Igarashi, el traductor al japonés de la obra de Rushdie, fue asesinado a puñaladas fuera de su casa. Ettore Capriolo, traductor al italiano, sobrevivió a un ataque en su apartamento en Milán, mientras que al editor de la novela en Noruega le dispararon en una calle de Oslo.
»No obstante, si el ayatolá Ruhollah Jomeiní pensó que con la muerte de Rushdie se aplacaría el éxito de Los versos satánicos, se equivocó por completo. Tras el ataque a su autor, la novela ha recobrado su popularidad, adormecida luego de tantos años. En la librería Strand de Nueva York, los títulos de Rushdie estaban entre los más requeridos por el público. “La gente llega y busca cualquiera de sus libros, quieren saber qué tenemos”, dijo Katie Silvernail, jefa de una sección de la tienda. Por si no bastara, apenas al día siguiente del atentado, Los versos satánicos encabezaba la lista de los libros más vendidos en Amazon. Otra de sus novelas, Los hijos de la medianoche, ocupaba la cuarta posición. En redes sociales, los usuarios de Twitter instaron a comprar cuantos libros de Rushdie fuera posible para expresar solidaridad».
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