Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
La inteligencia artificial amenaza con dar su salto más importante en 2 años Cae en Matamoros hijo de ‘El Contador’; captura desata narcobloqueos Cofepris alerta sobre reacciones adversas a medicamentos; pide reportarlas para mejorar vigilancia sanitaria Arrestan a joven por poseer dos ‘cigarrillos’ en Eagle Pass ¡Saca la cobija! Se esperan ocho frentes fríos y heladas en noviembre

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

La primera colonia residencial y el crecimiento de Saltillo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 meses

La República, la primera zona residencial, caracterizada por un nivel socioeconómico medio-alto, ya aparecía en los planos de los años 30 del siglo pasado, sin embargo, muy pocos, se animaban a vivir tan lejos del primer cuadro, que no llegaba más allá de Presidente Cárdenas, de Abasolo a Murguía.

Por decenios, Saltillo se mantuvo en 60 mil habitantes, luego en 90 mil, en un extraño fenómeno enorme demográfico, que trajo una frase que se hizo célebre: “Hijo que nace, padre que huye”.

De pronto, la ciudad comenzó a cambiar: rompió sus límites tradicionales, aumentó el número de rostros desconocidos que comenzaron a poblar zonas, antes agrestes, y antiguos ranchos que se convirtieron en fraccionamientos; los constructores acabaron hasta con los campos llaneros donde los saltillenses practicaban el beisbol. Había en mi barrio una especie de meseta donde se jugaba el beisbol, le decían El Triste, a unos cuantos metros de la Iglesia del Ojo de Agua. Había otros campos distribuidos por la pequeña ciudad que pronto se convirtieron en áreas de viviendas.

En menos de 20 años la ciudad tuvo un cambio muy significativo.

Hoy surgen otros problemas como la vialidad, los embotellamientos y la falta de lugares dónde estacionar los miles de automóviles que circulan por las diferentes arterias de la otra provincia que recibía un epíteto: “¡Bonito Saltillo, nada más de pasada, porque para quedarse, pura fregada!”.

Todavía queda en nuestra mente la estampa idílica del Saltillo de las huertas, de las calles de terracería, las de las acequias repletas de agua corriente, de los paseos por la Alameda, de las tardes quietas con los cielos poblados de pájaros; en fin, nos aferramos a un Saltillo que ya no existe y algunos como yo nos comportamos como si todavía existiera. Hay todavía en nosotros muchos recuerdos, tiempos y lugares, como cuando dejábamos la puerta abierta de la casa y nadie se robaba ni el periódico, ni los litros de leche dejados en la ventana de rejas o cerca de la puerta.

Se cuenta que hubo quien ofreció en venta su automóvil en el diario de Cabrerita: “Vendo Radio con coche”. Al ver que nadie se lo compraba, el dueño dejaba deliberadamente puesta la llave del coche cada noche, con los vidrios bajos, para ver si alguien se animaba a llevárselo… y ni así lo querían.

Aún en los años 50 del siglo pasado, Saltillo parecía una ciudad estancada, escaseaban los empleos y los jóvenes de la época se desesperaban. Con 90 mil habitantes las calles solitarias y la poca ocupación para quienes terminaban alguna carrera y quienes no deseaban prepararse, preferían emigrar a ciudades como Monclova, Torreón, Monterrey y la Ciudad de México, que ofrecían mejores perspectivas de crecimiento.

El Saltillo de Alberto do Canto era una ciudad de emigrantes. Muchos, al término de la preparatoria, preferían hacer sus estudios fuera; muy pocos de ellos volvían y muchas generaciones de saltillenses hicieron ese viaje sin retorno, uno que otro regresaba para algún cargo político y terminado el mandato constitucional, otra vez de regreso a la gran ciudad donde encontraba una buena acogida.

La Ciudad de México absorbió a millares de saltillenses y las vueltas al terruño sólo servía para reafirmar su deseo de salir de ella, para jamás regresar. La atmósfera de la ciudad parecía asfixiarlos, así muchos paisanos lograron triunfar en el extranjero, entre otros el pianista Salvador Neira Zugasti, maestro del conservatorio de Viena.

Pero Saltillo se transformó a pasos agigantados y, como dicen algunos políticos y empresarios, “ahora la capital coahuilense juega en las grandes ligas”, a partir de la industria automotriz que la distingue a nivel mundial. Hay quienes afirman no estan de acuerdo con este acelerado crecimiento, pues todavía se aferran a la frase provinciana muy nuestra: “Nunca había estado tan bien, pero nunca había estado tan mal”.

Notas Relacionadas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 3 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 3 horas

Contratará IMSS a 150 médicos especialistas para Coahuila

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 3 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 3 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 10 horas

Confirmado y amarrado