Por: Irene Spigno
Soñar es desear la dicha en nuestro porvenir. Lo que el corazón anhela se sueña y se suele vivir.” Cenicienta cantaba estas palabras al despertar de un sueño mágico en la homónima película animada que Disney produjo en el año 1950. Todas y todos nosotros, en las distintas etapas de nuestras vidas, tenemos sueños, esperanzas y deseos muy diversos entre sí. Mediante sus sueños, Cenicienta mantiene la esperanza de que algún día sus deseos de felicidad, lejos de su madrastra y hermanastras que la tratan como sirvienta en su casa, se harán realidad.
Desde que era niña, uno de mis grandes sueños era ayudar a los demás. Todavía no tenía muy claro cómo lo iba a hacer, pero sí estaba muy segura que lo iba a conseguir. Pensé en muchas opciones: ser veterinaria (sí, se sabe que a niñas y niños les encantan los animales y no distinguen mucho entre ellos y los seres humanos, siendo para ellos seres sintientes como las personas y, en cuanto tales, integrantes de la familia y meritorios de atenciones y cuidados) o médico (esa era otra opción, pero no habría podido escoger en qué, siendo tan vasta el área de acción de la Medicina).
Escogí ser jurista, porque sentía que el mundo en el que vivimos necesitaba más justicia. Pero no una justicia cualquiera. Sino que una justicia con perspectiva de derechos humanos. En la primera etapa de mi vida profesional, me dediqué obviamente a aprender lo más que pude para poder ser una jurista preparada en la defensa de los derechos humanos. Hice mi licenciatura en Derecho en la Universidad de Cagliari, seguí con un curso de especialización en profesiones legales, una maestría y un doctorado.
Siempre tuve la fuerte convicción que para poder defender derechos humanos desde la trinchera académica no podemos concentrarnos solo y exclusivamente en el espacio que tenemos más cerca, sino que tenemos que ampliar la mirada para poder abarcar espacios más amplios. Esto sirve para poder entender mucho mejor lo que sucede cerca de nosotros. Por estas razones, durante mi etapa formativa he tratado de conocer y explorar distintas realidades que pudieran permitirme tener una mirada más profunda de los problemas contextuales.
En mi segunda etapa de vida profesional, me dediqué a la actividad académica clásica, impartiendo cátedras, conferencia, seminarios, investigando, escribiendo y publicando. Esta también es una parte importante de los juristas con perspectiva de derechos humanos porque es una fuente de generación del conocimiento fundamental, sin la cual es muy poco probable que se puedan ver cambios paradigmáticos en nuestras sociedades.
Finalmente, en mi tercera etapa de vida profesional, me he dedicado a generar oportunidades para las nuevas generaciones. Gracias a los contactos personales y profesionales construidos en las dos etapas anteriores, el día de hoy las personas investigadoras y estudiantes de la Academia Interamericana de Derechos Humanos, cuentan con importantes oportunidades de formación profesionalizante y especializada en el extranjero y en los cinco continentes: América, Europa, Asia, África y Oceanía.
Hace pocos días, nuestra investigadora María Guadalupe Imormino de Haro ha concluido su doctorado en Derechos Humanos de la Universidad de Palermo (Italia).
A la brevedad, también los doctorandos Carlos Zamora Valadez, José Luis Valdés Rivera y Juan Francisco Reyes Robledo, concluirán este camino formativo. Así mismo Paloma Lugo Saucedo es doctoranda del programa de Estudios de Género de la Universidad de Barcelona, Jesús Manuel Martínez Torres es doctorando de la UDEM y Fernando Gustavo Ruz Dueñas atiende el programa de doctorado en Derecho Público Comparado de la Universidad de Siena. Más de diez personas están cursando el doctorado en Derechos Humanos de la AIDH, programa formativo que se ha realizado con la misma visión.
Confío en que todos ellos comparten el mismo sueño que yo tenía desde niña: tener una alta formación en materia de derechos humanos para hacer que el nuestro sea un mundo más justo. Sin embargo, es necesario cultivar este sueño en las generaciones más jóvenes, desde la licenciatura. Esta historia, empero, se las contaré en otra ocasión.
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