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La sombra nuclear sobre Medio Oriente

Por Columnista Invitado

Hace 4 meses

POR: ÓSCAR MARIO BETETA

La guerra entre Irán e Israel suele presentarse como un enfrentamiento motivado por diferencias religiosas, rivalidades históricas o disputas territoriales. Sin embargo, detrás de los bombardeos, las amenazas y las negociaciones fallidas existe una realidad más profunda: la lucha por el control estratégico de Medio Oriente y el equilibrio de poder en una de las regiones más importantes del planeta.

La reciente confrontación, que involucró directamente a Estados Unidos y culminó con un acuerdo de cese el fuego impulsado por la Administración de Donald Trump, deja claro que el conflicto va mucho más allá de los intereses inmediatos de Teherán o de Jerusalén. En juego están las rutas energéticas globales, la seguridad de los aliados occidentales en la región y el futuro del sistema internacional de no proliferación nuclear.

Irán ha construido durante décadas una red de influencia que se extiende desde Líbano hasta Yemen, pasando por Siria e Irak. A través de grupos aliados y organizaciones armadas, el régimen de los ayatolás ha buscado consolidar una esfera de influencia capaz de desafiar tanto a Israel como a las monarquías árabes del Golfo. Esa expansión geopolítica explica por qué el estrecho de Ormuz, por donde transita hasta el 20 por ciento del petróleo mundial, se ha convertido en una pieza central de la estrategia iraní.

Durante la guerra, Teherán demostró que posee la capacidad de alterar los mercados energéticos internacionales y provocar turbulencias económicas de alcance global. Y dejo claro que cualquier intento de aislar o debilitar al régimen tendrá consecuencias para el suministro mundial de energía.

Pero el verdadero motivo de la crisis sigue siendo el programa nuclear iraní.

Durante más de dos décadas, Irán ha desarrollado capacidades que lo colocan a un paso de convertirse en una potencia nuclear militar. Aunque oficialmente sostiene que sus actividades tienen fines pacíficos, el enriquecimiento de uranio, la opacidad de algunas instalaciones y la resistencia a inspecciones internacionales han alimentado la sospecha de que busca mantener una capacidad de ruptura que le permita fabricar armas nucleares en un plazo relativamente corto.

El peligro de este escenario es evidente. No se trata simplemente de que un nuevo país se incorpore al club nuclear. Se trata de que un régimen profundamente ideologizado, que ha respaldado durante años a organizaciones armadas y grupos terroristas en distintos países de la región, obtenga la capacidad de disuasión más poderosa jamás creada.

La historia reciente ofrece una lección inquietante. Corea del Norte logró desarrollar un arsenal nuclear y, desde entonces, ha reducido considerablemente el riesgo de una intervención militar externa. Algunos sectores dentro de Irán podrían concluir que la guerra de 2025 y 2026 demuestra precisamente lo contrario de lo que buscaban Washington e Israel: que permanecer en el umbral nuclear no basta para garantizar la supervivencia del régimen y que la única protección real es poseer la bomba.

Ese es el riesgo que emerge tras el acuerdo de 14 puntos anunciado por Trump este miércoles y que está previsto sea firmado hoy. Aunque la tregua haya evitado una catástrofe económica inmediata y una escalada militar mayor, todavía no existe una solución definitiva para el programa nuclear iraní. La infraestructura puede haber sido dañada, pero la tecnología, el conocimiento y la voluntad política permanecen.

La comunidad internacional enfrenta un dilema complejo. Debe evitar una nueva guerra en Medio Oriente, pero también impedir que el principal régimen teocrático de la región adquiera armamento nuclear. El equilibrio entre ambos objetivos será extremadamente difícil de alcanzar.

Porque, al final, el conflicto no se trata únicamente de fronteras o influencia regional, sino de quién definirá el futuro estratégico de Medio Oriente y de si el mundo será capaz de contener una nueva carrera nuclear en una de las zonas más volátiles del planeta.

 

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