Arranca el año con un contundente y emotivo llamado del personal médico a los ciudadanos para que sean conscientes y responsables y que entiendan que seguimos inmersos en una pandemia y que el Covid sigue propagándose y cobrando vidas.
Básicamente, que no nos confundamos y mucho menos bajemos la guardia, que esta emergencia sanitaria aún no termina. Médicos y enfermeras del IMSS –sí, ese muy deteriorado ícono de lo que fue, es y seguramente será durante muchos años más, la seguridad social en nuestro país– nos dicen que están agotados, pero que siguen en la trinchera. Que no se rajan, pues.
Nos dicen también que atestiguan todos los días verdaderas escenas de horror con las víctimas de este virus y que, cotidianamente, sufren al ver como acaba con la vida de decenas de ciudadanos. Piden, en un video y casi en un tono de súplica, que se respeten los protocolos, especialmente el del distanciamiento social y rematan su mensaje con el ya clásico “quédate en casa”.
Es un llamado a la conciencia sólido, pero uno más. Todos los anteriores han sido ignorados olímpicamente por la mayoría de la población. En un plano optimista quedaría esperar que esta vez caiga en cientos, miles de oídos receptivos y efectivamente más ciudadanos entiendan que la pandemia no es juego; que aún falta para salir de esto y que la responsabilidad individual, y colectiva, es la única receta viable para cortar la cadena de contagios.
En fin, los médicos están agotados y los ciudadanos hartos. Estamos justo igual que hace meses, con llamados a la responsabilidad y viendo todos los días cómo más personas siguen contagiándose y muriendo por este virus.
Vaya inicio de año, pero queda viva la esperanza de que las cosas mejoren, mucho y rápido. Depende de todos nosotros.
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