Dentro del Poder Judicial, de forma muy clara en el local y más discreta en el federal, existe una habitación escondida, de difícil acceso, donde las élites económicas y políticas negocian los casos judiciales, y donde muy a menudo se compra y se vende el acceso a la justicia, ya para castigar a ciertos enemigos, ya para que determinados personajes logren garantizar su impunidad. En esa recámara, habitada por jueces, litigantes, políticos y hasta presuntos delincuentes, opera el mercado de la justicia en México. Un claro ejemplo de ello es el caso de Julio Scherer Ibarra, quien fuera consejero jurídico de la Presidencia.
La mañana del 2 de septiembre el Presidente anunció que Scherer Ibarra dejaba su cargo, una persona que se había ganado la confianza de AMLO y que usó su nombre y reputación para satisfacer una ambición creciente de dinero y poder, y tal vez, llegó a ser el segundo hombre más poderoso del país durante los tres primeros años del actual gobierno.
El pasado lunes salió a la venta el libro “Traición en Palacio. El negocio de la justicia en la 4T”, escrito por el periodista Hernán Gómez Bruera quien mediante una exhaustiva investigación señala la red de complicidades entre Scherer y sus socios con el poder judicial, mencionando incluso nombres de jueces y magistrados en los enjuagues de quien aprovechó la confianza del Presidente para extorsionar a diferentes personajes, entre ellos Juan Collado, Miguel Alemán Magnani, la Cooperativa Cruz Azul, el Banco Santander y obviamente Alonso Ancira, entre otros.
El modus operandi de la red Scherer -narra Gómez Bruera- iniciaba “cuando alguien iba a ver al entonces consejero para solucionar algún problema legal, recomendaba a alguno de sus despachos asociados para que llevaran los casos ante la justicia o se ocuparan de cabildear y hacer gestiones ante las autoridades”, obviamente mediante un sustancioso pago para arreglar dichos problemas aprovechando las poderosísimas influencias del entonces consejero jurídico. En pocas palabras, se trataba de una vil extorsión.
Durante el último año de gobierno de Peña Nieto estalló el escándalo de la venta de la planta chatarra de Agronitrogenados a un sobreprecio por parte de Ancira, también dueño de AHMSA, a quien ese año se le vinculó al caso Odebrecht y a Emilio Lozoya. Ante esa serie de irregularidades Pemex presentó en 2019 una denuncia contra Ancira y en mayo de ese año fue detenido en Mallorca, España. Dos años después Ancira fue extraditado y conducido al Reclusorio Norte.
Desde el primer momento -a través del despacho Araujo y González- Julio Scherer Ibarra metió las manos en el caso, no solo para cobrar presuntas comisiones a los abogados de Ancira, sino presionarlo para que vendiera AHMSA a su amigo Julio Villarreal, dueño de Banca Afirme y de la empresa siderúrgica Villacero. Menciona Hernán Gómez que cuando Scherer y sus socios pretendieron extorsionar al abogado Juan Collado le pidieron que vendiera la Caja Libertad a menos de la mitad de su valor al amigo y socio de Scherer, Julio Villarreal. Años antes, en 2012, Scherer le había pedido a Villarreal un financiamiento irregular de campaña para el PRD.
Según las indagatorias, para hacerse de AHMSA, Julio Scherer Ibarra habría actuado como intermediario en una serie de negociaciones entre esta empresa y Grupo Villacero. El 9 de diciembre de 2020 se firmó un acuerdo entre la empresa de Ancira y Lámina Placa Comercial, S.A. de C.V., filial de Villacero, el cual aceptaba que Villarreal y su socio, Jorge Silberstein, comprarían 55 por ciento de las acciones de Grupo Acerero del Norte, sociedad tenedora de las acciones de AHMSA, en una operación disfrazada de “alianza estratégica” que llevaría a cabo una reparación del daño a Pemex por la venta de Agronitrogenados.
Scherer, a través de su socio Araujo, le pidió al dueño de AHMSA a cambio de no pisar la cárcel en México, no solamente indemnizar a Pemex, sino también vender la mayor parte de las acciones de la empresa. Por lo que Araujo acordó con Ancira un pago por 6 millones de dólares por sus servicios. Al no cumplir con lo pactado, Araujo tuvo que devolver dicha cantidad.
En 2021 Ancira salió del Reclusorio Norte sin pagar un solo peso y el acuerdo negociado por el consejero no impedía que Ancira se marchara del país. Una vez en EU Ancira se negó a cumplir con lo acordado hasta que Adán Augusto López, secretario de Gobernación, entró a enmendar el entuerto, se acercó a Ancira para garantizarle que nadie le quitaría su empresa y así Ancira se comprometió a pagar su adeudo con Pemex.
La forma en que Scherer manejó el caso Ancira fue uno de los temas que más enfurecieron al presidente y abonaron a su salida del gobierno seis meses después de que Ancira se marchara del país, según el libro de Gómez, que vale la pena leer para conocer la podredumbre del Poder Judicial.
Del caso de Ancira se puede deducir que la venta de AHMSA a Julio Villarreal difícilmente sucederá. También, por tratarse de una caso más político que jurídico, se puede deducir que Ancira busca ganar tiempo para que concluya el sexenio y así poder negociar con el próximo gobierno. Mientras tanto, después de empinar a AHMSA, no le ha importado en lo más mínimo la severa situación que perjudica a miles de trabajadores, a sus familias en Coahuila y el daño a terceros, todo con tal de conservar el poder y su fortuna.
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