Queridas amigas y amigos, el 9 de enero se registró un incendio en la Ciudad de México; se trató de la subestación eléctrica de alta tensión Buen Tono del Sistema de Transporte Colectivo (Metro), en una de las ciudades mas pobladas del mundo con casi 9 millones de habitantes y a 52 años de haberse iniciado su operación, un incendio que destruyó el puesto central de control, ocasionando la suspensión del servicio de seis líneas, prácticamente el 50% de la red de transporte que cuenta con 12 en total.
Cabe señalar que dotar a la ciudad con este sistema de transporte, supuso un importante desafío por las condiciones del subsuelo como todos sabemos, asentado en una zona sísmica, superó los obstáculos gracias a los estudios que se llevaron a cabo en mecánica de suelos, encabezados por la UNAM y la participación de diversos especialistas que permitieron hacer de este proyecto una realidad y con ello, contar con una alternativa que resolviera el problema de tránsito vehicular, hoy por hoy, el Metro constituye la columna vertebral de la movilidad en la ciudad.
A lo largo de su historia, a pesar del registro de tres accidentes de la mayor importancia, que involucraron el choque de trenes, en 1975, 2015 y en marzo de 2020, incluso considerando los devastadores sismos registrados en 1985 y 2017, ninguno de estos incidentes propició la suspensión del servicio y por consiguiente la afectación de millones de usuarios, como lo ocurrido el pasado 9 de enero.
Los accidentes ocurren en el momento menos pensado, sin embargo, es fundamental señalar que no solo se trata de saber qué paso, sino por qué pasó y en el caso que nos ocupa, suenan voces que sugieren el desinterés, traducidos en falta de mantenimiento y recortes presupuestales.
La sociedad requiere ser informada sobre las razones por las que ocurrió el siniestro, este como muchísimos otros casos, no pueden quedar en la opacidad como lo fue el corte del suministro eléctrico en el país, registrado en los últimos días de diciembre, por ejemplo; informar a la sociedad no es el atributo de un Gobierno, se trata de una obligación de este y un derecho de los ciudadanos a ser informados, esto va de la mano con los principios en materia de transparencia, el acceso a la información es hoy por hoy, uno de los más significativos avances de nuestra democracia y no puede quedar sujeta a la voluntad política de los gobiernos.
Lamentablemente a lo largo de los últimos meses los mexicanos hemos podido constatar, la opacidad de la actual Administración, por lo que no es de sorprender la intención del Presidente de vulnerar –por decir lo menos– a los órganos autónomos de nuestro país, postura que no es nueva, ya que siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se encargó de vetar la Ley de Transparencia en 2002, simplemente porque le pareció oneroso e innecesario crear el Consejo encargado de vigilar la correcta aplicación de la Ley, al final, la transparencia sobre los segundos pisos en la Ciudad de México quedó en eso, en la opacidad.
Y es que, sin duda, para una de las cosas, para las que sirve contar con un órgano autónomo como lo es el INAI, es para que las instituciones públicas se conduzcan con transparencia y hoy lamentablemente a costa de la afectación de millones de personas en la Ciudad de México, se tiene un ejemplo práctico de ello, nos queda claro, que se solicitaron recursos para el Proyecto Integral de Modernización de Subestación de Buen Tono y subestaciones rectificadoras de la Línea 1 del Sistema de Transporte Colectivo, al que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no le asignó un solo peso, en el PEF 2021.
Ahora es tiempo de saber cuáles fueron los criterios por lo que se decidió dejar de asignar un presupuesto vital para el correcto funcionamiento del Metro de la Ciudad de México, ya pasaron más de 72 horas y aun no tenemos la información o sanciones presidenciales ofrecidas, de hecho, es claro que no solo se recortó el presupuesto, sino que ni siquiera le fue
asignado.
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