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Coahuila

Las calles nos cuentan historias

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 5 años

Para escribir mi libro Las Croniquillas del Saltillo, hice todo un plan para recorrer las 100 principales calles de la antigua mancha urbana.

Así pude conseguir historias para el documento que hoy me ocupa. La calle Ignacio María Lallave, una de las más modernas de Saltillo, en los años 50 solo contaba con dos o tres cuadras. En su esquina con Corona, era la orilla de la ciudad. Hacia el oriente se extendía la huerta de Santana Jiménez, aquel despiadado y temido jefe policiaco, que solo era dominado por su esposa “Cheba”.

Eran terrenos colindantes con los llamados campos “El Triste”, así los denominaba la gente por la aridez del terreno y donde se practicaba el beisbol. Aparentemente no tenían dueño, hasta que apareció Adela González, vecina del rumbo que se hizo de importantes superficies de terrenos y entre otras, fundó la colonia González Cepeda.

La calle Juan José de los Reyes Martínez, “El Pípila” es una singular arteria del Centro Histórico de Saltillo, que solo abarca tres cuadras, desde Allende hasta Acuña, en el Centro Histórico.

En la esquina con Morelos se ubicaba la tienda de abarrotes La Vaca Pinta, del señor Valdés, el clásico abarrotero español, un poco obeso, nariz aguileña, piel muy blanca, mejillas sonrosadas, con escaso pelo y portando siempre un límpido mandil. Y en seguida, vivió en sus momentos de gloria deportiva y de casado, el campeón Gallo de Norteamérica, Otilio “El Zurdo” Galván, con su esposa María Elena. En esa misma corta calle se ubicaba la residencia de Kiko Treviño, propietario del famoso bar Carta Blanca, de las calles Acuña y Ramos Arizpe, también un sastre a quien decían “El Bayo”, que era padre de unas hermosas muchachas; así como la familia de Ramiro Rojas, quien fuera líder del sindicato del Seguro Social, y un plomero de nombre Amado. La raza le apodaba “El Tronado”, ¿quién sabe por qué sería?

En la esquina con Miraflores y Pípila, existió la lujosa casa de citas de Concha, donde cuenta la leyenda que de un monumento de una odalisca en el patio central, brotaron monedas de oro y de plata, cuando los albañiles hacían la demolición del inmueble. Frente al lugar habitó Enrique “El Pipo” Linares, cantante de fama nacional.

Por la misma arteria, más hacia el poniente, la familia Cepeda, cuyos miembros la mayoría eran vendedores de periódicos y revistas.

En la esquina de Pípila y Mina se ubicaba la famosa tienda de abarrotes, de don Arnulfo de León, también propietario de las dos cantinas del lugar. Enfrente, don Amado con sus ricos raspados de hielo de frutas naturales. Y había más adelante una famosa vecindad.

Este es un breve resumen de dicha callecita citadina.

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