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Las cuatro últimas canciones

Por Joel Almaguer

Hace 6 años

En 1945 Richard Strauss, con 81 años, se vería ante la prueba de enfrentar la acusación que pesaba sobre él: haber colaborado con el régimen nazi. Sin embargo habría de refugiarse en Suiza, país con una política neutral a lo largo de muchos siglos.

La ambigüedad con la que se pueden tomar estos hechos de colaboración con el régimen nazi lleva a discusiones y análisis que sin duda nos alejan de su obra musical. Sí, obtuvo un cargo como presidente en la cámara de música del Tercer Reich, pero desde ahí intentó evitar, aunque sin éxito, la prohibición de la música de Mahler, entre otros compositores. Hasta que una carta suya –dirigida a su amigo y colaborador Stefan Zweig– es leída por el gobierno, y su contenido provoca su despido.

Esto nos hace ver que, como bien decía el compositor, existen dos tipos de personas: las que tienen talento y las que no. Sin embargo esa pesada carga lo sumió en un depresión profunda en el ocaso de su vida.

Durante ese exilio en Montreaux termina de componer su portentoso concierto para oboe y algunos arreglos sinfónicos sobre La Mujer sin Sombra. Pero las penas no se disipan y en 1948, debido a la petición que tiempo atrás le comunicara su hijo Franz, Strauss compone cuatro canciones, cuatro lieder que serán los últimos del compositor.

Si bien no es su última obra escrita, estudiosos y analistas coinciden en percibir un adiós por parte del compositor en estas cuatro últimas canciones. Es sabido que no las pensó como un ciclo, pero el editor Ernst Roth las ordena y titula así: Vier Letzte Lieder: Las Cuatro Últimas Canciones. Obras que, por sí mismas, le otorgarían la inmortalidad al compositor de la obra musical Así habló Zaratustra, la ópera Elektra o Der Rosenkavalier o La Mujer sin Sombra, por citar ejemplos.

Los textos usados en tres de los cuatro lieder son tomados de la poesía de Hermann Hesse, a saber: Frühling, September, y Beim Schlafengehen, Primavera, Septiembre y Al ir a Dormir, respectivamente; mientras que el cuarto Im Abendrot (En el Árbol Vespertino), pertenece a Eichendorff, que forma parte del Frühling und Liebe.

El tono emocional de esta obra es sin duda la resignación ante la muerte y el destino. Un obra frente al crepúsculo de la existencia. Los ojos que se cierran y la añoranza de unas manos que nos toman durante el camino. Lejana, calmada paz, tan profunda en el crepúsculo. Qué cansados estamos del camino, ¿es esto quizás la muerte?

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