Pocos aceptaban ser candidatos del PAN en el pasado porque siempre perdían. Y cuando eventualmente ganaban, «el PRI arrebataba». Sucedía en Torreón, Monclova, Piedras Negras, Sabinas y otros municipios. Los ingenuos pensaban que los votos eran acumulables y que alcanzar cierto número permitía el acceso a una diputación o una alcaldía. Así lo cuenta Juan Antonio García Villa, protagonista y testigo de primera mano, en el libro “50 años de PAN”. Sucesos. anécdotas y testimonios (2012). La frase «¡Gánale al PRI!» resumía la frustración por los fracasos y la resistencia ciudadana a participar en elecciones cuyos resultados se conocían de antemano.
Cuando Vicente Fox obtuvo la Presidencia con la promesa falsa de atacar la corrupción, ocurrió un giro copernicano: todo el mundo quería ser candidato de Acción Nacional. Las siglas empezaron a ganar gubernaturas (hasta completar 14), alcaldías y a elevar su presencia en el Congreso federal y en las legislaturas locales. Tanto combatió el PAN al PRI y sus métodos —adulteración del padrón de militantes, acarreo, compra de votos y canibalismo político— que terminó por imitarlo, pero jamás logró igualarlo. La vieja guardia del PAN no pudo, no supo o no quiso reaccionar frente a una generación impaciente y codiciosa, al neopanismo pragmático y a los oportunistas inescrupulosos que tomaron, algunas veces casi por asalto, un partido cuya construcción, en más de medio siglo, costó sangre, sudor y lágrimas.
El PAN de Coahuila se anticipó a los partidos nacionales para afrontar al PRI en una coalición de centro izquierda formada junto con el PRD, PT y Partido Verde. Las condiciones en 1999 eran propicias para inaugurar la alternancia con García Villa, un candidato curtido en luchas democráticas y ganador, en 1979, de una de las primeras diputaciones federales de mayoría obtenidas por las oposiciones. Acción Nacional gobernaba entonces más del 60% de la población del estado y su fuerza en el Congreso era equiparable a la del PRI. Sin embargo, una reforma electoral plagada de artimañas jurídicas torpedeó al bloque opositor, el cual dedicó más tiempo en defender a sus candidatos que en difundir su plataforma política y promover el voto.
Adueñarse de los órganos comiciales le ha permitido al PRI imponer sus tiempos al calendario electoral, posicionar a sus candidatos —en el caso actual, para la Gubernatura— y obtener ventajas en detrimento de las demás fuerzas políticas, sin ser sancionado. Así ocurrió en las cuatro últimas sucesiones, incluida la presente. La renuncia del PAN a ser oposición y la complicidad de algunos de sus líderes con el Gobierno, a cambio de prebendas, explican su fracaso y el alejamiento de electores tradicionalmente panistas. Algunos cuadros de Morena han caído en la misma trampa y sirven a dos amos, al Presidente y a los detractores de la 4T. «Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos». La fórmula obregonista sigue vigente. Los ceros de más dependen del servicio y la traición.
Cuando Acción Nacional se aproximó más a la Gubernatura fue en 2017. Parecía el despertar de los coahuilenses de un letargo de 12 años. Recobrar la memoria permitiría pasar factura al PRI por el moreirazo, las empresas fantasma, las masacres impunes y un sinfín de agravios. Empero, la posibilidad de la victoria desató las ambiciones. En su pretensión de ser candidato, Luis Fernando Salazar le jugó sucio a Guillermo Anaya; retó al líder nacional Ricardo Anaya; buscó el padrinazgo de gobernadores como Francisco Javier García Cabeza de Vaca (Tamaulipas), compañero suyo en el Senado; confundió a los electores y le restó votos al PAN. Salazar se pasó a Morena cuando López Obrador ya era Presidente. La base del partido guinda lo tilda de oportunista; y en el PAN, de arribista.
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