Internacional
Publicado el martes, 27 de mayo del 2025 a las 18:46
Isla de Jeju, Corea del Sur.- Las haenyeo, las legendarias “mujeres del mar” de la isla de Jeju, no solo han visto su lenguaje transformado por el océano, sino que sus propios cuerpos y genes parecen haberse adaptado a siglos de buceo extremo. Un estudio reciente publicado en Cells Reports sugiere que las condiciones a las que se han expuesto, como bajas temperaturas, largos periodos sin oxígeno e incluso inmersiones durante el embarazo, han modelado tanto sus órganos como sus rasgos genéticos.
Estas mujeres, que han sido el sustento de sus familias desde el siglo XVII, han transmitido su ancestral conocimiento de madres a hijas. Aunque esta práctica, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, está en peligro de extinción, las buceadoras de 45 años o más continúan arriesgando sus vidas para buscar abulones y erizos a 10 metros de profundidad.

Para el estudio, un grupo de investigadoras pidió a las haenyeo sumergir la cabeza en agua fría para medir sus signos vitales. Aunque la idea les pareció extraña, estas pruebas fueron cruciales para activar el reflejo de buceo, que incluye la disminución del ritmo cardíaco (bradicardia) y la reducción del flujo sanguíneo hacia las extremidades (vasoconstricción periférica).
Diana Aguilar Gómez, investigadora de la Universidad de California y encargada del análisis genético, explicó que, si bien las haenyeo hicieron inmersiones más cortas, su frecuencia cardíaca disminuyó de manera más pronunciada. Un hallazgo aún más intrigante fue su presión arterial diastólica más alta en comparación con mujeres de Seúl. “Esto podría indicar que hay algo genético aquí, porque son condiciones que se presentan en mujeres que no bucean”, señaló Aguilar Gómez, confirmando que la genética de las mujeres de la isla es distinta a la de otras poblaciones coreanas.

La genética de la isla de Jeju es única, influenciada por periodos históricos como el control mongol y japonés, y una restricción de salida de 200 años que la aisló. Cálculos genéticos revelaron que los isleños son tan distintos de los coreanos continentales como de los japoneses o chinos del norte, formando una población genéticamente homogénea con una posible ventaja innata para el buceo.
La presión arterial diastólica más alta en las haenyeo y otras residentes de Jeju podría ser una característica heredada, pero la selección natural podría haber favorecido una variante genética que reduce los efectos negativos de esta hipertensión, mitigando riesgos como la preeclampsia durante el embarazo.
Este fenómeno no es exclusivo de Jeju. Estudios previos han mostrado adaptaciones genéticas similares en los tibetanos, que viven en altitudes extremas, y en los Bajau de Indonesia, conocidos por sus bazos más grandes que les permiten almacenar más oxígeno para la apnea prolongada.
¿Significa esto que otras poblaciones podrían desarrollar nuevas mutaciones beneficiosas? Es posible, pero depende de factores como el tiempo, el tamaño de la población y el impacto de la variante genética. La tolerancia a la lactosa, por ejemplo, se desarrolló rápidamente en regiones donde su intolerancia era fatal.
Diana Aguilar Gómez sugiere que en México, el estudio del ADN de los rarámuris, conocidos por sus habilidades para correr maratones en terrenos agrestes, podría ofrecer información valiosa. Estos conocimientos sobre poblaciones adaptadas abren la puerta a una mejor comprensión de la regulación genética de enfermedades y al desarrollo de nuevos tratamientos.
Las haenyeo, que han despedido a generaciones en el mar, no mostraron sorpresa ante los hallazgos. Su historia, moldeada por el océano, parece escrita también en sus genes.
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