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Coahuila

Las huellas que dejamos

Por Irene Spigno

Hace 6 meses

Hace unos días, la organización Política Juvenil Internacional Coahuila, organizó el evento, Mujeres Dejando Huella, un espacio de diálogo y reflexión sobre el liderazgo y el empoderamiento femenino.

Tuve el gran honor y privilegio de participar como panelista invitada, aunque no sé si puedo considerarme una mujer que está dejando una huella.

Si hay algo que ha marcado mi camino personal y profesional, ha sido siempre mi red de apoyo más cercana: mi familia. Mi madre, mi padre y mi hermana.

Es justo en ese espacio íntimo y cotidiano donde aprendí –sin grandes discursos, pero con enorme claridad– que estudiar, formarme y construir una vida propia no era una opción: era mi responsabilidad.

De mi familia aprendí, sobre todo, a ser una mujer libre e independiente. Estas características también han definido lo que hoy soy como académica y como mujer en un espacio de liderazgo, al frente de la Academia Interamericana de Derechos Humanos.

Liderar, sin embargo, no es un ejercicio neutro desde la perspectiva de género. Para las mujeres, ocupar espacios de toma de decisiones sigue siendo un proceso complejo.

Vivimos por una sociedad marcada por una estructura patriarcal que, si bien ha mostrado fisuras y transformaciones –como lo evidencia la creciente presencia de mujeres en posiciones de poder–, sigue existiendo como un sistema que domina lo público y también se vive en lo privado: en los hogares, en las relaciones personales, en los espacios de trabajo.

Es, en el fondo, la forma en que se distribuye la autoridad y quien se considera legitimado para ejercerla.

Este sistema se reproduce de manera casi imperceptible, pero constante, a través de obstáculos y comportamientos que son expresiones de violencia.

Pensemos, por ejemplo, en hombres que consideran tener el derecho de tomar decisiones que en realidad no les corresponden; en quienes elevan la voz frente a una mujer que decide; y también en quienes cuestionan, minimizan o deslegitiman lo que una mujer dice o hace en el ejercicio de su responsabilidad. Y esto no sólo lo hacen los hombres: también lo reproducimos, en ocasiones, las propias mujeres.

Sin embargo, una vez que las mujeres hemos logrado acceder a espacios de poder, la tarea pendiente es ver cómo los habitamos. Con frecuencia nos enfrentamos a la duda sobre cómo ejercer ese poder y, durante mucho tiempo, hemos intentado hacerlo tratando de parecernos a los hombres para ser tomadas en serio: adoptando sus formas, sus tonos, sus maneras de ejercer la autoridad.

Quizás uno de los mayores desafíos –también una gran oportunidad– es aprender a ejercer el liderazgo desde nuestra propia identidad, desde nuestras experiencias, desde nuestras convicciones y valores.

No necesitamos imitar o compararnos con los hombres. No necesitamos justificar nuestra forma de liderar para encajar en parámetros patriarcales.

Lo único que necesitamos es liderar desde quienes somos, sin perder en el intento. Y quizás esta es la huella que tenemos que dejar: la confianza de caminar y ejercer el poder desde nuestra propia identidad.

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