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Las memorias de Angela

Por Guadalupe Loaeza

Hace 10 meses

Uno de los libros más esperados el pasado fin de año en Alemania fue el de las memorias de la excanciller Angela Merkel, Freedom: Memoirs 1954-2021 (Libertad: Memorias 1954-2021), y que vale la pena recuperar por el contexto mundial que vivimos ahora.

Una semana antes de entregar el poder, y tras 16 años como canciller, Merkel fue homenajeada de una forma muy emotiva por parte del pueblo alemán.

Ayer por la mañana vi una nota que me llamó particularmente la atención publicada en X por Napoleón Bravo. En ella narra que, “Con seis minutos de calurosos aplausos, en las calles, balcones, ventanas, todo el país aplaudió durante seis minutos. ¡Espectacular ejemplo de liderazgo y defensa de la humanidad, Chapeau!”.

Más adelante, describe la euforia en la despedida de la “Dama de Hierro”, como solían llamar los alemanes a Merkel: “Alemania se mantuvo como un solo cuerpo despidiéndose de su líder, una física química que no fue tentada por la moda, o las luces y no compró bien raíces, autos, yates y aviones privados, sabiendo que ella es de la antigua Alemania Oriental…

“En una rueda de prensa una periodista le preguntó por qué llevaba el mismo traje de siempre, a lo que ella contestó: ‘Soy una empleada del Gobierno y no una modelo’.

“En otra rueda de prensa la pregunta fue: ‘¿Tiene sirvientas que limpian su casa, le preparan la comida, etc?’. Y ella respondió: ‘No, no tengo sirvientes y no los necesito. Mi esposo y yo hacemos este trabajo en casa todos los días’.

“Otro periodista preguntó: ‘¿Quién lava la ropa, usted o su marido?’. Ella respondió: ‘Yo arreglo la ropa y mi marido es el que maneja la lavadora y suele ser de noche, porque hay luz eléctrica y no hay presión, (sin embargo) lo más importante es llevarse en la cama’”. De hecho, al terminar su Gobierno, Merkel regresó al mismo departamento que habitó por años antes de ser elegida canciller y del que no es propietaria.

Qué política tan llana y sincera, así gobernó con toda su llaneza y honestidad y así escribió sus memorias, sin pelos en la lengua. Los periodistas del NYT Christopher F. Schuetze y Steven Erlanger afirman que el libro pretende justificar las decisiones que tomó y que aún afectan a su país y al resto de Europa.

Un tiempo después de la toma de posesión de Trump en el 2017, tuvo un encuentro con él. Cuando estuvieron frente a frente en el salón oval, los periodistas exigían: “apretón de manos, apretón de manos”, algo que Trump ignoró.

He allí una de tantas humillaciones que el Presidente de Estados Unidos acostumbra hacer con los líderes de cualquier país. En sus memorias, que concluyó antes de la reelección de Trump, ella cuenta este episodio: “¿Cómo iba a olvidar que Trump sabía exactamente el efecto que quería conseguir?”. Y añade: “Él lo juzgaba todo desde la perspectiva del promotor inmobiliario que había sido antes de entrar en política (…) Hablamos en dos niveles distintos, Trump en un nivel emocional, yo en uno factual (…) Creía que todos los países competían entre sí y que el éxito de uno era el fracaso del otro (…) No creía que la prosperidad de todos pudiera aumentar mediante la cooperación”.

En cuanto a Vladimir Putin, la Merkel, en sus memorias, lo califica como: “alguien que siempre estaba en guardia para que no lo trataran mal y siempre dispuesto a repartir castigos, incluidos los juegos de poder con un perro y hacer esperar a los demás”.

Es importante mencionar que Merkel teme a los perros por un ataque que sufrió en los 90, y Putin jugó con ello durante una reunión en 2007 cuando hizo entrar a un gran labrador negro.

En estas memorias que escribió junto con su asesora política Beate Baumann, Angela Merkel, de religión luterana, también habla sobre su juventud en la Alemania Oriental.

Ella aprendió bajo la férula de su padre, pastor protestante, y de su madre, una profesora a quien por razones ideológicas no se le dejó ejercer la docencia en la República Democrática Alemana, país en el que Merkel, aunque nacida, en Hamburgo (1954), se crio y estudió. Apasionada de las matemáticas y la lengua rusa, cerró el bachillerato con nota máxima (El País).

Por último, diremos que como buena apoyadora de las mujeres, deseaba que ganaran Hillary Clinton y Kamala Harris en sus respectivas elecciones. Al despedirse del pueblo alemán, Angela Merkel dejó a su país como la economía más grande de Europa.

 

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