Coahuila no está dividido. Coahuila no está polarizado. Coahuila no está partido. Coahuila no está indignado. Coahuila no está resentido. Coahuila no está enojado. Coahuila no está en pugna de grupos antagónicos e intereses irreconciliables. Coahuila no suda calenturas ajenas. Coahuila no es rehén del centralismo. Coahuila no acepta imposiciones. Coahuila no es Tabasco.
Por eso rechazó con todo el poder ciudadano la amenaza que suponía Morena y sus aliados en la boleta electoral. Contundente. La mayor derrota electoral en el país para el emblema del Obradorismo dentro del sexenio de la fallida cuarta transformación ocurrió aquí. No en Querétaro, Aguascalientes, Durango, Chihuahua o Nuevo León. Timbre de orgullo, paliza de antología: tres a uno, en términos estadísticos, de acuerdo con el Conteo Rápido del INE y el IEC, el cual estima la participación entre 56.6 y 58.5% de la lista nominal. O por lo menos 450 mil votos de diferencia entre primer y segundo lugar (el equivalente a la población total de 28 municipios del estado, para dimensionar).
Al demonio la falacia del Coahuila dormido al que tienen que despertar desde la Ciudad de México, la cual fungió como hilo conductor del proceso electoral que llegó ayer a su clímax.
Es una creencia estigmatizante y ampliamente difundida, pero falsa: que fuera de la cosmopolita y progresista Ciudad de los Palacios, todo es provincia rural y retrógrada. Por tanto los más avezados, capitalinos, pueden y deben opinar sobre lo que suceda en otros lares a fin de interceder y salvar de sí mismos a los rústicos y analfabetas funcionales que habitan en las 31 entidades federativas.
Bajo esa hipótesis los únicos despiertos son ellos, quienes viven en el Valle de Anáhuac, y el resto de la República está dormido, o peor aún, en letargo. Como la ilustración del mexicano de sombrero alado que descansa recargado en un cactus.
Esa larga tradición oral, cuyo esplendor fue la Revolución Mexicana, se cebó con fuerza sobre Coahuila, a propósito de la intersección de dos circunstancias: su elección para Gobernador dentro del sexenio de la fallida cuarta transformación, y el centralismo regresivo emprendido por ésta con todas sus fuerzas. Minar su autonomía y convertir al estado en una delegación como fin último, socavar el Pacto Federal, era el objetivo.
El resultado del choque cultural explicó entonces una elección que todo el tiempo se trató de lo mismo, independientemente de actores y partidos políticos participantes: decisiones tomadas por chilangos, tratando de imponer a distancia una forma de organización política y autoridades en un territorio semidesértico del Norte de México en la frontera con Texas. Sin conocimiento de la idiosincrasia, o a pesar de él. Ignorando la dinámica local, o pasando por encima de ésta. Allá se decide, acá se acata.
¿Y si los aletargados en realidad son ellos? ¿Quién dice que no es al revés y sólo se trata de un abuso de la narrativa?
Un teflón se cierne sobre la entidad. Impermeable a estímulos externos, insondable desde la capital, donde una profunda ignorancia del contexto, historia y territorio, les explotó en las manos.
Irónicamente, el rosario de malas prácticas estuvo del otro lado, en el bando de la derrota. Los días previos a la jornada electoral fueron exhibidos promotores del voto en circunstancias que levantan una ceja. No obstante fueron maniatados y neutralizados, ante la tentativa comisión de delitos electorales que se preparaba. Si en otros lugares del país reina el caos, la anarquía y la barbarie, se puede y se vale todo, Coahuila puso el ejemplo de autoridad y civilidad.
Pareciera xenofobia, pero no, las amenazas llegaron de fuera. No es chauvinismo ni regionalismo.
Cortita y al pie
Finalmente la suma entre los cuatro candidatos a Gobernador quedó 6, 2,1 y 1. Quien se abstiene, es insondable. ¿Está conforme, o inconforme con el resultado? ¿Le interesa o no? Tanto lo uno como lo otro es perfectamente aplicable. Es difícil, por tanto, aventurar un diagnóstico de su mutismo.
Si bien la máxima que se atribuye a Maquiavelo (pero en realidad proviene del Imperio Romano) “Divide y Vencerás”, sigue siendo dos mil años después una de las leyes del poder, y en Coahuila se puso en práctica con notables resultados, no es ocioso señalar que nunca flotó en el aire ánimo social de alternancia. En ningún momento del proceso electoral. Ni antes, ni durante. El 2023 no fue ni remotamente parecido a 2017. La política la determinan las circunstancias, y las actuales en nada se parecían a las de hace seis años. Tampoco se forzaron ni se trataron de someter. Es engañoso, consuelo de tontos, repetir que como bloque político, dique de contención, otro hubiese sido el resultado. Ni juntos ni separados. Tampoco existe la suma cero. Ni son canicas que se puedan transferir, ni son hipótesis que se puedan especular.
La última y nos vamos
Por lo demás, ¿quién dice que Morena se ubica a la izquierda del espectro ideológico? No por mencionarlo mil veces en realidad se convierte. Acostumbrados a la dinámica diaria de un Presidente que cree cuando habla no comunica, hace, y piensa que hay en sus palabras una fuerza mágica que produce realidad, se da por hecho que “la izquierda” perdió en Coahuila, pero el Movimiento de Regeneración Nacional, como lo define Roger Bartra, es clientelismo, nostalgia autoritaria, confusión intelectual, conservadurismo.
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