Arte

Publicado el martes, 18 de noviembre del 2025 a las 04:01
Ciudad de México.- El misterio y la fascinación alrededor de la muerte, junto con el duelo, el humor e incluso el sensacionalismo, son abordados en el Museo Nacional de San Carlos como parte de una de las muestras más completas dedicadas al tema.
Lo mismo pueden hallarse un guardapelo para atesorar los mechones de una persona fallecida que guirnaldas tejidas con su cabello, óleos, esculturas, grabados, títeres, monumentos funerarios, ejemplos de nota roja y hasta piezas con perfume de gardenia, asociada con la memoria.
El Beso de la Muerte, Representaciones Mortuorias en el Arte y la Cultura Visual del Siglo 19 reúne 180 piezas procedentes de 30 colecciones públicas y privadas, entre ellas los museos del Estanquillo y el Nacional de Historia, el Panteón de San Fernando y la Pinacoteca de La Profesa; varias de las cuales se presentan por primera vez, según destaca Luis Gómez Mata, curador de la muestra.
El título alude al espíritu decimonónico que interpretó el deceso como un misterio y también como romance funesto. “La muerte llegaba y con un beso te arrebataba el último aliento; es muy poético y literario. Recordemos que el siglo 19 estuvo muy cerca de la muerte: epidemias, enfermedades y guerras eran el pan de cada día”, explica en entrevista el historiador del arte.
Durante el recorrido por las salas -pintadas de malva, color permitido para el luto junto con el negro-, se colocaron en igualdad de condiciones piezas que suelen considerarse artísticas y objetos populares, pues las imágenes de la muerte o de los muertos podían encontrarse tanto en un relicario como en el retablo de una iglesia.
La temporalidad de estas obras va de 1780 hasta los años 30 y 40 del siglo 20.
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Un esfuerzo muy grande fue reunir obras que son consideradas artísticas -pintura, escultura, gráfica, etcétera- y conjugarlas con elementos de la cultura visual y material: anillos, títeres, guardapelos, todo tipo de objetos que conviven con lo que es considerado arte. Por eso el título de la exposición”, explica.
Figuran, por ejemplo, grabados provenientes de libros médicos que muestran los procedimientos para enyesar a las personas, así como objetos de hospitales y boticas del siglo 19, entre ellos albarelos y frascos de éter, vinculados a la enfermedad, tema del primer núcleo expositivo: La Antesala de la Muerte. Además, se presentan obras de exvotos.
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En el siglo 19, frente a la falta de condiciones de higiene y la inexistencia de medicinas como las aspirinas o los antibióticos, la enfermedad fue una compañía muy común que podía llegar a ser mortal; una diarrea o una gripa podían matar a las personas”.
El segundo núcleo, Cara a Cara con la Muerte, presenta cráneos, esqueletos y cuerpos putrefactos, entre otras obras inscritas en el género vanitas, denominación que procede del pasaje del Eclesiastés Vanitas vanitatum omnia vanitas (Vanidad de vanidades, todo es vanidad).
El tercer núcleo, La Muerte Retratada, despliega fotografías, esculturas, pinturas, figuras de cera, máscaras y periódicos que plasmaban la imagen de quienes habían fallecido. Un apartado de la exposición se reserva precisamente a los niños muertos, llamados también “angelitos”.
En ese mismo núcleo se destina también un espacio a la nota roja, que constituye otra manera de representar la muerte, sobre todo la violenta, como en el caso de una mujer que se suicidó arrojándose desde una torre de la Catedral.
Personajes históricos como Benito Juárez, de quien se exhibe una máscara mortuoria, o las fotografías de las prendas que vestía Maximiliano de Habsburgo el día de su fusilamiento, también tienen cabida en esta sección.
El último núcleo, “Los lugares de la memoria”, aborda las formas de afrontar la muerte, desde el tributo a través de los mausoleos hasta el que se expresaba en el atuendo de luto o en la costumbre de velar en casa durante días a las personas fallecidas, reflexiona Gómez Mata.
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Hoy se muere alguien y, por supuesto, nos duele, pero parece que la voracidad del presente hace que llores una noche y al otro día tengas que ir a trabajar. En el siglo 19 se daban más licencias. Cuando moría alguien, el cadáver quedaba varios días en la casa; se empezaba a descomponer, sí, pero era un ejercicio de despedida. En ese tiempo comenzó a gestarse esta idea tan común hoy de que alguien más se encargue de la muerte”.
Entre 1875 y 1876, los hermanos Gayosso, de la empresa homónima, identificaron ahí una oportunidad de negocio.
La muestra estará abierta hasta el 29 de marzo en México Tenochtitlán 50, Col. Tabacalera.
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