Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el domingo, 30 de noviembre del 2025 a las 04:02
Saltillo, Coah.- En la ciudad de Saltillo, donde las calles guardan historias que el tiempo no logra borrar, el Patronato de Amigos del Patrimonio Histórico de Saltillo, A.C., nos invitó a recorrer la emblemática calle Real de Santiago, hoy conocida como General Victoriano Cepeda.
Entre casas antiguas y fachadas que conservan vestigios de otra época, nos adentramos en el misterio de dos leyendas que marcaron a la sociedad saltillense y que aún intrigan a sus habitantes: la de las hermanas Galindo y la de Mónico, aquel agente de hotel que, según la tradición, fue víctima de brujas y lechuzas.
Archivo histórico
Tuvimos la oportunidad de conversar con la historiadora María Elena Santoscoy, quien subraya la importancia de las leyendas como reflejo de la identidad de la ciudad.
“ Las leyendas no son historia, aunque pueden tener un trazo de verdad”, explica. “Se contaban de generación en generación, y con el tiempo se les agregaban elementos que enriquecían la narrativa. Sirven para que la gente se identifique con su pasado y comprenda mejor la vida cotidiana de sus antepasados”.
Santoscoy destaca también la labor del Patronato, fundado en 1988, en la preservación del archivo histórico de Saltillo y la organización de recorridos y exposiciones que rescatan el patrimonio cultural.
“ Nuestra labor es conservar, difundir y conectar a la ciudadanía con su historia. Gracias a ello, ahora es posible acercarse a estas leyendas y entenderlas no sólo como cuentos de miedo, sino como relatos que reflejan valores, temores y tradiciones”, comenta.
Ambas leyendas, aunque separadas por años y contextos, muestran cómo Saltillo ha sido un espacio donde lo cotidiano y lo sobrenatural se entrelazan. Las Galindo nos hablan de coraje, defensa y astucia en una ciudad que crecía y enfrentaba los desafíos de la modernidad.
La historia de Mónico revela los temores humanos frente a lo desconocido y la fascinación por lo esotérico que permeaba la vida urbana de comienzos del siglo 20.
Un viaje en el tiempo
Recorrer la calle General Victoriano Cepeda es también un viaje en el tiempo. Las casas conservan patios, ventanas y recovecos que fueron escenario de estos relatos. Cada piedra, cada reja, parece susurrar fragmentos de historias que se resisten a desaparecer. “Una leyenda, mientras se pueda contar, está viva”, recuerdan quienes mantienen viva la memoria de Mónico y las Galindo.
El valor de estas narrativas trasciende el entretenimiento. Son testimonios que permiten reconstruir la vida cotidiana de épocas pasadas, comprender cómo la sociedad enfrentaba el miedo, la injusticia y la superstición, y reconocer la fuerza de quienes, como Chita, Lola y Cuca, se convirtieron en protagonistas de su propio destino.
El misterio de Mónico confronta la fragilidad humana ante lo desconocido y nos invita a reflexionar sobre la mezcla de realidad y leyenda que caracteriza a Saltillo.
Al final del recorrido, se percibe que la ciudad guarda secretos aún por descubrir. Cada leyenda, cada relato oral, cada documento preservado por el Patronato es una ventana al pasado, una oportunidad para entender cómo la memoria colectiva se construye a través del miedo, la admiración y la fascinación por lo inexplicable.

Nuestra identidad
Las calles de Saltillo, las casas antiguas y los personajes que habitaron estas historias nos invitan a mirar más allá de la superficie y a reconocer en los relatos de antaño un espejo de nuestra propia identidad.
Así, la historia de las hermanas Galindo y la de Mónico se entrelazan en la memoria de la ciudad. Son testimonios de valor, superstición y misterio que recuerdan que, en Saltillo, lo cotidiano y lo extraordinario conviven, y que cada leyenda es una puerta abierta al pasado, lista para ser recorrida y contada una y otra vez.
La casa de Mónico Martínez
A unos metros de allí, nos detuvimos frente a la casa de Mónico Martínez, hoy restaurada y convertida en restaurante bajo el nombre “Casa Vieja”.
Mónico, agente de hotel entre 1919 y 1921, trabajó en los hoteles Coahuila y La Plaza de Saltillo. Hombre pulcro, sociable y supersticioso, su vida cotidiana estaba marcada por amuletos y creencias en brujería y hechicería.
La leyenda, documentada por Froyland Mier, narra que Mónico sufrió noches de ataques inexplicables: escuchaba ruidos extraños, veía lechuzas y afirmaba que brujas intentaban llevárselo. Su historia culminó de manera trágica: una mañana, su cuerpo fue hallado flotando en la alberca de Altamira, sin señales de violencia ni indicios de ahogamiento.
La ciudad quedó perpleja ante el hecho, y los vecinos nunca pudieron explicarlo. Su sensibilidad a lo oculto parece haberlo hecho víctima de su propia percepción.
Mónico era conocido por su carácter afable y dicharachero, su pulcritud y su uniforme impecable, adornado con amuletos: una leontina de oro, una calaverita de hueso con ojos rojos, un broche con el número 13 y un trébol en la solapa.

Aunque su vida parecía tranquila, su sistema nervioso lo hacía vulnerable a la brujería y los aparecidos. Relatos familiares mencionan que gritaba aterrorizado por las brujas y lechuzas, y que sus constantes arrebatos alarmaban a todos a su alrededor.
En marzo de 1921, Mónico fue encontrado flotando en la alberca de Altamira. No había evidencia de asesinato ni de accidente, sólo rasguños menores. Su hermana Luisa estaba inconsciente al hallarlo. La muerte de Mónico sigue siendo un misterio, un enigma que combina lo real y lo sobrenatural.
Voces del tiempo
La labor del Patronato de Amigos del Patrimonio Histórico de Saltillo, A.C., es fundamental para que estos relatos no se pierdan, permitiendo que saltillenses y visitantes sigan escuchando las voces del tiempo, desde la calle Real hasta las albercas de Altamira, donde historia y leyenda se funden en un mismo relato.
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