Monopolizar el poder durante 71 años incapacitó al PRI para ser oposición. Las voces disidentes y autocríticas –internas y en algunos casos también externas– fueron sofocadas. Incluso la muerte de dos expresidentes de ese partido, que en su momento representaron un riesgo (Carlos Madrazo y Luis Donaldo Colosio), se atribuyó al Estado.
La derrota de 2018, infligida por un exmilitante, le brindaba la ocasión de elegir un liderazgo fuerte y de asumir por primera vez el papel de oposición real, pero la tiró por la borda al preferir al anodino Alejandro Moreno.
La imposición del exgobernador de Campeche, investigado por la Fiscalía General de la República por enriquecimiento ilícito, provocó en el PRI renuncias en cascada. El primero en arrojar la toalla fue José Narro Robles, exrector de la UNAM y secretario de Salud de Peña Nieto.
El coahuilense era el líder que el PRI necesitaba para afrontar la emergencia poselectoral, reunificarlo y oponerse al presidente López Obrador. Sin embargo, un perfil así resultaba inconveniente para quienes secuestraron las siglas, y en su lugar nombraron un títere.
Narro renunció a su aspiración a presidir el PRI y a una militancia de 46 años. “Existe un preferido de la cúpula del PRI, el candidato oficial de los gobernadores y de quien fue, hasta recientemente, el jefe político del partido. Por si eso fuera poco, son groseros los indicios de intervención del Gobierno federal en la misma dirección”.
En su carta de dimisión, fechada el 19 de junio de 2019, Narro demanda que las decisiones del PRI deje de tomarlas el Presidente de turno. Si López Obrador manda en el PRI, entonces la alianza con el PAN es una celada.
Para Narro, la elección de Moreno fue una farsa. “La trampa está en el padrón, en el crecimiento desmedido en Coahuila, Ciudad de México, Campeche y Oaxaca. Ellos serán llevados a votar por quienes llenarán de vergüenza al partido”. Uno de los operadores de ese PRI es el exgobernador Rubén Moreira, asilado en Campeche. Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán y aspirante a la presidencia del PRI, lo denunció por amenazarla si visitaba Coahuila. Ortega también renunció a las siglas.
La columna Templo Mayor exhibe a un PRI al garete: “Por los rumbos de Insurgentes Norte se preguntan si Alejandro ‘Alito’ Moreno ya abdicó en favor de Carolina Viggiano… o si la hidalguense ya se fue por la libre. Y es que, comentan los priistas, la secretaria general del partido ya se siente la dueña del priismo en Hidalgo, al grado de que anda prometiendo candidaturas, quiere decidir la estrategia para el próximo año y ya hasta anda diciendo que no descarta ser ella misma candidata…” (Reforma, 04.12.20).
Narro advirtió el riesgo: “La democracia sin oposición real es degradada y deja de servir”. El PRI jamás será oposición. No está en su ADN. Mientras el PAN abre las puertas a Vicente Fox y Felipe Calderón para afrontar al Presidente más poderoso de los últimos tiempos, al PRI difícilmente regresarán la periodista Beatriz Pagés, el exgobernador de Coahuila, Rogelio Montemayor, y otros cuadros experimentados cuyo capital político y afecto estaban con Narro.
“Es inaceptable que se haya decidido entregar el partido a @lopezobrador”, publicó Pagés en su cuenta en Twitter. Montemayor acusó: el mensaje ciudadano al PRI, a sus dirigentes y a sus representantes con poder político es “muy fuerte: basta de corrupción, impunidad e inseguridad; basta de soberbia y desapego a las necesidades populares”. El PRI nacional desapareció y su lugar lo ocupan hoy estructuras locales como la de Coahuila, cuyo eje es el Gobernador.
Notas Relacionadas
Hace 19 minutos
Hace 20 minutos
Hace 43 minutos
Más sobre esta sección Más en Nacional