Primero, una pertinente aclaración: no se trata de abrazar ninguna postura ideológico-partidista, sino de ponderar el sentido común.
El domingo 10 de abril, prácticamente en dos meses, los mexicanos estamos convocados a las urnas para un ejercicio inédito, para votar si queremos que el presidente López Obrador termine su mandato, tal como está establecido en la Constitución, o si queremos que termine en forma anticipada su Administración por pérdida de confianza.
Pues sí, estamos convocados a este ejercicio de democracia participativa en medio de una pandemia que no da signos claros de que se encuentre en vías de terminar; en medio de una crisis económica severa, con superinflación, y además con serios problemas de seguridad pública y de un montón de rezagos en prácticamente todos los rubros que implican progreso y desarrollo.
Estamos convocados a emitir nuestro voto en un ejercicio que costará 3 mil 800 millones de pesos, simple y sencillamente porque así lo quiere el Presidente.
Sí, aunque la herramienta democrática se llama revocación de mandato, este será realmente un ejercicio para el ego, de ratificación de mandato, un baño del pueblo bueno y sabio, que gritará a los cuatro vientos que está a muerte con la cuarta transformación.
No es posible otro resultado, ya que, si mayoritariamente resulta que la población decide pedir la terminación anticipada del sexenio, lo que implicaría una crisis de gobernabilidad, pues se trataría de un fraude, de una artimaña del INE, amafiado con los sectores más corruptos de la ultraderecha y por lo tanto sería descalificado.
Con tantos problemas y rezagos por resolver, qué necesidad de imponer un ejercicio que solo busca validar en las urnas su popularidad. Sí, hay cosas urgentes y necesarias, y también las que le interesan al Presidente.
Y finalmente, una pregunta retórica: ¿no habrá nadie, en su círculo cercano, que le advierta que su nivel de respaldo, entre el pueblo bueno y sabio, que le permite literalmente decir lo que le venga en gana no le alcanza para pretender que el mundo se someta a su voluntad?
Ayer, Panamá, hoy, otra vez, España… a ver a que país se le ocurre mañana lanzar su discurso rijoso.
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