Hasta ahora no se sabe con exactitud cuáles son todas las ventajas de los automóviles eléctricos que tienen los consumidores al comprarlos, pues lo que más se resalta por los ecologistas es que sus emisiones son menos contaminantes que las de combustión interna, pero de la duración de las baterías, estaciones de recarga, mantenimiento, calidad, durabilidad, precios de los artefactos de recambio, etc., casi no se habla, y en parte se debe a que la mayoría de los autos que se han armado son prototipos, solo algunas marcas de lujo ya han producido vehículos en serie, cuyos precios están por arriba de las expectativas que tienen consideradas las clases medias para invertir en ese tipo de bienes.
Las experiencias al adquirirlos y su precio seguramente determinarán la demanda. No solo implica el cambio del tren del automóvil, sino que hay una serie de factores que hay que contemplar, como los ya expuestos, que sin duda exigirán un cambio de equipo e infraestructura automotriz en el mercado. ¿Qué ocurrirá con las empresas de autopartes de motor? ¿Con los talleres mecánicos? Existe una cierta similitud con lo que sucedió cuando se pasó del carruaje de caballos al automóvil de combustión interna.
Proteccionismo económico. Como comentábamos en un artículo anterior, Estados Unidos es un vecino sumamente insensible ante los daños que pueden ocasionar sus políticas en el exterior; no tiene amigos, solo intereses. Un ejemplo de lo anterior es la política comercial que formuló, y que envió al Congreso estadunidense el presidente Joe Biden, de subsidiar fiscalmente la venta de autos eléctricos fabricados en ese país con un monto que puede llegar hasta 12 mil 500 dólares, esto es, el comprador estadunidense tendría un incentivo que lo haría desistir de buscar otras marcas importadas. La medida sin duda es económica, pero tiene un trasfondo político, pues beneficiaría a los sindicatos y a los accionistas de las automotrices, y en forma indirecta aumentaría la popularidad del Partido Demócrata y la consolidación de las aspiraciones de reelección, en caso de que las tenga, del presidente Biden.
En nuestro país, las transnacionales automotrices muy probablemente desinvertirían, lo cual causaría un grave deterioro en la generación de empleos e ingreso familiar en todo el país, pero de manera especial en los estados del norte del territorio nacional. No se sabe con certeza qué marcas automotrices serían subsidiadas, si también las de capital chino o solo aquellas que tengan trabajadores afiliados a determinado sindicato. La gran incógnita prevalecerá. El Gobierno mexicano ha reaccionado, diciendo que ese tipo de políticas proteccionistas violan las reglas del T-MEC, por ser discriminatorias y perjudiciales para un socio comercial, Por ello, emprenderá acciones judiciales en el marco del acuerdo comercial.
¿México se queda solo? Al dar a conocer tal medida proteccionista, nuestro país iniciaba un acercamiento con Canadá en donde también se ensamblan vehículos que se exportan a Estados Unidos, para formar un frente común contra esa política; no obstante, el Primer Ministro canadiense ha declarado que pretende armonizar su política fiscal automotriz con la estadunidense, a fin de ofrecer los mismos estímulos para los autos eléctricos, de manera que las diferencias de precios serían menos asimétricas entre ambos países, y con lo cual complicaría más la situación para la nación mexicana.
Aunque el advenimiento masivo de los coches eléctricos en Estados Unidos se tiene programado para 2027, el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Economía, tiene un gran desafío a resolver lo más pronto posible; una opción posible sería seguir el mismo ejemplo de Canadá, pero eso significaría una disminución de los ingresos fiscales, los cuales han sido insuficientes para satisfacer las necesidades básicas de la población.
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