Coahuila
Hace 9 meses
Los barrios en Saltillo fueron sede del desarrollo humano, tanto en lo educativo, como en lo cultural y deportivo. Tenían su delimitación; a algunas una sola calle los dividía.
Cada barrio cuenta su propia historia marcada por sus calles, plazas, mercados y, sobre todo, por las personas que lo habitan.
Una comunidad localizada geográficamente dentro de una ciudad, pueblo, suburbio o área rural más grande, que a veces consta de una sola calle y los edificios que la bordean.
La palabra barrio corresponde a “cada una de las partes en que se acostumbra dividir una ciudad o pueblo, para la más precisa orientación de las personas y más fácil control administrativo de los servicios públicos”, viene del latín “barrium” o del árabe “barri”.
Y se formaron con fines de administración pública o para fomentar un sentido de identidad comunitaria entre sus residentes.
Entre los lugares identificatorios o que dan nombre a un barrio están las casas, los edificios, los parques, las tiendas, los supermercados, la iglesia y los colegios.
Había muchos barrios en el Saltillo de ayer, algunos aún conservan sus nombres originales y otros fueron absorbidos por la propia mancha urbana.
Hoy nos vamos a referir, aunque brevemente del barrio del Santuario, denominado así porque ahí se localiza la Iglesia dedicada a venerar a la Virgen de Guadalupe. Este barrio, como el Topo Chico, Ojo de Agua, El Barrial, Águila de Oro, entre otros, ha destacado y ha dado su nombre a un asentamiento con gente dedicada al trabajo honrado, fecundo y creador.
Así el Santuario de Guadalupe, como la Escuela Primaria Miguel Ramos Arizpe y el molino La Colmena, en una traza que comprende de Emilio Carranza a Murguía y de Corona a Aldama, han sido testigos del crecimiento de Saltillo en el final de los años 30, cuando la ciudad tenía escasamente 45 mil habitantes.
En este mismo lugar se ubica el Parque Azteca, donde se celebraban rumbos bailes y que luego fue la sede de la Universidad de Idiomas de Cuca Galindo, donde Óscar Flores Tapia se consagró como maestro de historia. Tanto a la iglesia como al Parque Azteca concurrían los habitantes de barriadas cercanas, como La de los Panteones, la Guayulera, los Baños, Iturbide y Ahuizotl; era la clase media y popular.
Cada barrio tenía su equipo de beisbol o futbol soccer y protagonizaban emocionantes juegos.
Hay una historia que quiero contar.
Los padres de doña Catalina Ponce Pérez donaron los terrenos donde actualmente se localizan los edificios de la Escuela Primaria Miguel Ramos Arizpe y el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.
Esta familia habitó frente al sacro recinto, precisamente en la casa marcada con el número 225 de Pérez Treviño al poniente de la ciudad, casi esquina con la calle de Francisco Murguía. En el domicilio, que perteneció a doña Catita, como así nombraban a la señora Ponce, vivió su hijo Carlos Elías Valerio Ponce, quien considera que la casa es una de las más antiguas de la actual traza urbana del primer cuadro de la ciudad, ya que fue construida antes que la escuela y el templo.
La casa era muy grande, pero con el correr del tiempo se ha ido reformando y dividiendo, pues pertenece también a sus hermanos. Doña Catita hace tiempo que emprendió el viaje con Dios y los vecinos de la arteria añoran su presencia siempre grata.
Toda la familia Valerio Ponce ha seguido el oficio del comerciante. Carlos, después de su labor en el Seguro Social, atiende un negocio de fotografía denominado Valerio.
Más sobre esta sección Más en Coahuila