Desde el reino de Tizatlán, Tlaxcala llegaron en 1591 a Saltillo, 61 indios casados y 16 solteros, para fundar el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, que solo los separaría una acequia de regulares dimensiones que descendía desde el Ojo de Agua, por lo que ahora es la calle Allende y que separaría a las dos villas, la española y la tlaxcalteca.
Según la leyenda, en el área donde se localiza el templo de San Esteban y un edificio bancario, se llevó a cabo la ceremonia de la entrega de las mercedes (tierras) para la edificación de casas, asientos, solares y huertos.
Dio posesión de los bienes el capitán Francisco de Urdiñola, y como testigos de honor, Buenaventura de Paz, indio principal de Tlaxcala; el gobernador Joaquín de Velasco; el alcalde de la Nueva Tlaxcala, Antonio de Noveda; el regidor Gaspar Cleofas, el alguacil mayor Lorenzo de Quino y Tomás de Aquino, fiscal de la Iglesia.
Las autoridades y los nuevos pobladores de San Esteban de la Nueva Tlaxcala pasearon por los terrenos del nuevo asiento. Señalaron los espacios para la nueva iglesia (la de San Esteban), cavaron en la tierra una enorme cruz de madera en señal de posesión y dominio.
Fueron trazadas casas, iglesia, un convento franciscano, un mercado, calles, huertos, plaza y hospital a cordel, por eso muchas arterias viales del lado tlaxcalteca son muy rectas.
Los tlaxcaltecas crearon un auténtico vergel del lado poniente de la acequia grande (calle Allende), pues trajeron consigo árboles frutales diversos, magueyes y semillas de hortalizas, poniendo un ejemplo de entrega y laboriosidad a los españoles y portugués del Saltillo, el pueblo de enfrente.
Venían a pacificar a los aborígenes y con su ejemplo casi lo lograron. Luego de tantos alzamientos y ataques los indígenas dueños de estas tierras medio se apaciguaron y a regañadientes se pusieron a sembrar junto a los tlaxcaltecas, a cambio de carne, maíz y ropa.
Los tlaxcaltecas decían muy orgullosos descender directamente del Rey de Tizatlán, Huehue Xicoténcatl el viejo y puede que sea cierto, pues el hombre mantenía un harem de 500 esposas, más las concubinas. Uno de sus hijos del mismo nombre, a la muerte del viejo, se hizo cargo del reino y del ejército que combatió a los intrusos españoles, pero luego los demás reinos de Tlaxcala se aliaron a los iberos. El joven se reveló y fue mandado ahorcar por Hernán Cortés.
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