¿Recuerda usted el enojo de al menos 10 gobernadores por el golpe que se anticipaba en el Presupuesto 2021? ¿Recuerda usted todos los amagos con romper, incluso, el Pacto Fiscal, si no eran escuchadas y atendidas las demandas de que ya no rasuraran más los recursos para los estados el próximo año?
¿Recuerda usted los reiterados llamados al Presidente para que aceptara reunirse con los mandatarios de la llamada Alianza Federalista? Pues nada. Ni reunión, ni fueron escuchados y mucho menos atendidos.
La 4T impuso su maquinaria y aprobó el Presupuesto 2021, y sí, aplicó severos recortes: las aportaciones tendrán una disminución de casi 9 mil millones de pesos, mientras que las participaciones una disminución de más de 62 mil millones.
Y eso no es todo, cuando la 4T quiere apretar, lo hace en serio: por convenios entre la Federación y las entidades, el gasto a los estados cae más de 30 mil millones de pesos y además, las entidades dejarán de recibir también 75 mil millones en materia de salud por la creación del Insabi.
Parece una broma de muy mal gusto, pero los gobernadores pedían un trato más equitativo y les recetaron un recorte brutal, de al menos 175 mil millones de pesos. Y, como se anticipaba, ese “ahorro” servirá para mantener el montón de programas asistencialistas de la 4T, esa receta evidente y añeja para mantener contenta a la base electoral.
El tema es que esto no crea infraestructura ni alimenta los fundamentales del progreso: es solo una aspirina para la pobreza.
En fin, ahora sí, habrá que ver de qué están hechos los mandatarios y hasta dónde están dispuestos a llegar con eso que consideran un legítimo reclamo. Y deberán partir de un hecho probado: el Gobierno federal pasó de la sospecha, eso de considerar como corruptos a todos los que no les son incondicionales, a un abierto y contundente desprecio, y este, en política pública.
Vienen meses muy duros y ojalá que al final se imponga la razón sobre la soberbia; que al final prevalezca el diálogo sobre la descalificación y que se entienda que no se puede destruir, sin antes tener al menos un plan para reconstruir, y eso es precisamente lo que nadie ve por ningún lado.
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