Cualquier persona que desempeña una labor tiene claro lo que tiene que hacer y lo que se espera de él; incorrecto el que empieza a decidir si las cosas deben ser hechas de otra forma; punible el que se apropia del puesto, los bienes y frutos.
Así como si un policía decidiera que a los asaltantes de un banco debe permitírseles robar “porque necesitan más el dinero que los neoliberales propietarios”, o el gerente del molino de trigo que reparte la harina “como ayuda humanitaria”.
Ambos actos son aptos para castigo penal. En las últimas dos presidencias sufrimos el engaño colosal por un estúpido argumento de “atacar el problema por los orígenes”; ese argumento sería muy válido si fuera fruto de un trabajo realizado por expertos de diferentes áreas, no en el caso de intelectuales de arrabal que aprendieron filosofía con Cantinflas.
De los “argumentos” que han esgrimido, un favorito es que “el origen es la pobreza”. Si fuera contundente dicho razonamiento, en cada familia mexicana tendríamos ladrones y prostitutas; incluso muchas familias clasemedieras mexicanas, cuyos pequeños lujos son logros colosales para ellos, son adquiridos poco a poco, como pobres. Solo los sultanes arrabaleros de la dictadura compran cosas al contado, o algún chaparro trepador, agrónomo, que roba a su familia política y ayudó al mesías tropical a destrozar a nuestro México.
Desde que España dejó de recibir aquel famoso quinto de los ingresos, cada funcionario con poder jura cumplir y hacer cumplir la Constitución mexicana y las leyes que de ella emanan, y no queda a su criterio el hacerlo o no. Si en un momento tiene certeza de que hay actos delincuenciales en cualquiera de sus variaciones, tiene obligación de imponer la ley sin importar las consecuencias.
Entre la basura que vomitan cotidianamente los 4 Teístas incluyen, claro, declarar estúpido el haber hecho frente a la delincuencia organizada y, como kriptonita, usan el nombre de García Luna para rebatir argumentos. Está publicada la colusión de gobernadores, entonces priistas, con el crimen organizado, ayudando a contrarrestar la lucha del gobierno federal contra el crimen; algunos de ellos ahora militan en el ahora partido mayoritario.
Es prudente recordar que el secretario particular de García Luna era Durazo, el gobernador morenista de Sonora, y nadie mejor que el secretario particular de un funcionario para conocer sus tejemanejes y cochupos. García Luna está condenado por testimonios de narcos enemigos de él, no por pruebas. No creo en su inocencia, pero no es lo mismo.
Notas Relacionadas
Hace 12 minutos
Hace 19 minutos
Hace 24 minutos
Más sobre esta sección Más en Nacional