Arte

Publicado el lunes, 27 de diciembre del 2021 a las 04:10
Saltillo.- “Toda mi vida he sido migrante”, dice la autora mexicana Mariana Palova (Guadalajara, 1991) y agrega que “sé lo que es el miedo de estar en algún lugar totalmente nuevo, ajeno a mí y a mi casa y en el que estás con una mano adelante y otra atrás”.
Esa condición, apunta, la comparte con su personaje, el detective Salvador Hoffman, quien apareció por primera vez en El Señor del Sabbath, primer libro de su saga de fantasía oscura La Nación de las Bestias, y quien regresó este año en Un Segundo Amor (Océano Gran Travesía, 2021), precuela del primer título en el que ahonda en la figura triste y confundida de su investigador, un mexicoamericano que debe hundirse en lo más profundo de los pantanos de Louisiana para encontrar la verdad de los crímenes que han cometido y, con ello, una nueva realidad: la del mundo mágico.
En esta ocasión, Palova se aleja del glamour colorido y fiestero del carnaval del Mardi Gras, para recorrer los barrios bajos y misteriosos de Nueva Orleáns. Esos en donde se respira la vida y la muerte de los pantanos, y la magia vudú pesa sobre el cuerpo de la misma forma que la humedad.
Esta novela nació con un fin: mostrar “los barrios bajos de esa ciudad, esas partes no turísticas que la gente no suele conocer, pero que fueron de las más encantadoras de su historia. Aquí vemos sitios igual de mágicos como el barrio francés, otros cementerios más allá del Saint Louise, que muestran mucho del folclor y misticismo”.
Y para esa misión no había mejor guía que la mirada de Hoffman, quien definido como “frío, astuto y asombrosamente eficaz” en su trabajo, conoce de memoria esos reinos de crimen, magia y pólvora que ha recorrido una y otra vez.
Situación migrante
Para Palova, la escritura de esta nueva novela “fue como ir de la mano con un amigo, porque el personaje de Salvador Hoffman, es mexicano, por eso la construcción de su mundo y su experiencia personal era muy familiar para mí. Algo que me suele pasar es que mucha de mi sicología se impregna en mis personajes. Entonces muchas de las cosas que vive Salvador a nivel sicológico, me son muy familiares.
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Entonces narrar desde su punto de vista fue muy reconfortante, porque en diversas situaciones sabía lo que él sentía. Esta historia la escribí saliendo de un episodio de depresión, en el que estuve tratada con medicamentos y terapia. Por eso entendía ciertos puntos de la sique de mi personaje y por eso fue bastante agradable”, comentó a Zócalo en entrevista.
En Un Segundo Amor, el personaje ahonda en la relación con su hija, algo que en el primer libro solo estaba mencionado, pero también con otros dos personajes clave dentro de la saga de Palova. Sin embargo, hay un punto que cruza este libro y, en general, su narrativa: la condición del migrante que no solo sucede con Hoffman, sino también con Elisse, el personaje principal de La Nación de las Bestias.
Algo clave en una ciudad que fue fundada por africanos, franceses, ingleses y, claro, mexicanos que cruzaron la frontera. En esa mezcla hay, también, otra especie de terror que no es sobrenatural, sino social, apunta la autora.
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Toda mi vida he sido migrante y eso lo comparto con Salvador. Sé lo que es el miedo de estar en algún lugar totalmente nuevo, ajeno a mí y a mi casa y en el que estás con una mano adelante y otra atrás. Eso es algo que he vivido durante varias partes de mi vida. Por eso creo que, para mí, más que contar un problema político fue contar un problema personal que cuando se vuelve colectivo, se vuelve político.
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Entonces estos reflejos, son algunas de las cosas que tengo en común con Salvador Hoffman. Entre ellas el miedo a sufrir discriminación, el saber que si te enfermas no puedes acudir al médico, estar sin seguro, no poder cubrir tus necesidades básicas por miedo a que te deporten. Siento que todo eso siempre ha estado presente en mi vida y de muchas maneras. Por eso se vuelve natural hablar de ello, de la condición del migrante”, explicó.
Romper límites
Esa cuestión de las fronteras son algo que permea en la obra de la escritora tapatía. En sus libros, por ejemplo, ahonda en distintos tipos de magia: el vudú en El Señor el Sabbath, en Louisiana, y la alquimia en Leyenda de Fuego y Plomo, la cual sucede en el desierto de Utah y Arizona.
Ambos libros exploran la frontera entre lo real y lo fantástico. Algo que existe en la cultura mexicana y que se refleja en tradiciones como el Día de Muertos. Una visión que choca con la concepción del mundo de Hoffman, pero que cuadra de forma completa con la sociedad de este país.
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Toda nuestra cultura está cimentada en la religión. No solamente en la católica y lo que llegó con la colonización, sino todas las costumbres y ritos que venían de antes y se mezclaron con lo nuevo. Por eso siento que por más que intentemos de desprendernos de este tipo de creencias o supersticiones, es imposible porque están arraigadas en nosotros. Creo que es lo natural y una especie de escape para los mexicanos.
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Porque nosotros estamos acostumbrados a un terror cotidiano y encontramos confort en terror paranormal que habla del regreso de los muertos, de la convivencia de los vivos con ellos y en estas tradiciones, porque sabemos que no pueden dañarnos. Nosotros vivimos en un terror más palpable, y este tipo de historias son, para nosotros, un refugio”, concluyó la también artista visual que mezcla en este libro, la narrativa policiaca con la fantasía oscura.
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