En todo lo que va del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ayer leí la mejor noticia de todas: las autoridades están investigando a los millonarios, perdón, a los Legionarios de Cristo por lavado de dinero y fraude. ¡Ave María Purísima!
¿Por qué es una buena noticia? Pues porque estos desgraciados no tienen perdón de Dios, así de sencillo. Su orden es en realidad un gran negocio internacional, por medio del cual poseen escuelas y universidades, entre otras empresas, además de miles de propiedades en todo el mundo.
Durante muchos años, especialmente los de Juan Pablo II, los Legionarios se convirtieron en el grupo más fuerte de la Iglesia Católica. Pero si eso los hace despreciables, lo que los vuelve auténticos demonios es que toda la orden solapó durante años al violador de menores Marcial Maciel.
Inclusive se gastaron millones de dólares en una campaña de promoción para convertir en santo a este infeliz que abusó de decenas (¿cientos?) de niños que supuestamente estaban bajo su cuidado.
¿Qué castigo merecen los pederastas? Espero que en el infierno el tal Maciel la esté pasando muy mal. Y aquí en la tierra ojalá que el fiscal Santiago Nieto de verdad haga todo por quitarle a los Legionarios de Cristo todo el poder económico que tienen.
Por lo pronto la que debe estar temblando es Martita Sahagún, pues las investigaciones llegan hasta ella, pues ha sido señalada de triangular recursos para hacérselos llegar a los Legionarios por debajo del agua. Sospecho que quien dio el pitazo fue el propio Vicente Fox, que ya no la aguantaba.
El hermano mayor
Cuando era niño, mucha gente aseguraba que el himno de México era el segundo más hermoso del mundo, solo después de La Marsellesa, el himno de Francia. ¿Quién lo decidió?, ¿dónde fue el concurso?, ¿quiénes integraron el jurado? Nadie nunca supo decirme de dónde diablos salía esa afirmación que todos mis maestros de primaria (y algunos parientes) repetían como loros.
Al final entendí que eso del segundo himno más hermoso del mundo era un mito más como los niños héroes o el campeonísimo de las Chivas. Pues, bien, el otro día Andrés Manuel López Obrador revivió otro de esos mitos geniales que nos encanta a los mexicanos creernos como si fueran ciertos. Según el amado líder, “de nuevo se empieza a hablar de que México es el hermano mayor de América Latina”. Aaaah, ¿y quién lo dice? ¡Nadie!
Seguramente el Presidente lo escuchó de alguna de las vocecitas de su mente, porque si revisamos internet o los periódicos del último año, nadie, pero absolutamente nadie está diciendo esa payasada.
El último que lo dijo fue el uruguayo José Mujica y, pa’ colmo, lo dijo cuando Enrique Peña Nieto era presidente. Si ya de por sí es bastante malo que López Obrador diga tantas mentiras, lo que es peor es que… ¡se las crea!
¡Brrrrr!
De repente se soltó un frío más fuerte que el que siente Genaro García Luna en su celda. Bajó tanto la temperatura que Felipe Calderón se sirvió otro tequila nomás para entrar en calor. De hecho, hasta la propia Olga Sánchez Cordero se levantó de su escritorio para ir a buscar una cobijita y poder seguir durmiendo en su oficina de Gobernación.
Pero los que más, más, más frío tienen pues desde que perdieron la Final contra Rayados, no los calienta ni el sol. El único que no tiene frío es Ricardo Valero, el destituido embajador de México en Argentina. Y no tiene frío gracias al quemón que se dio cuando lo cacharon robándose un libro.
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