La tercera ola de Covid va de salida. Los registros oficiales refieren una tendencia sostenida a la baja en el número de contagios y decesos. Esa, es una buena noticia.
Pero Coahuila, y en especial Saltillo, sufren el embate de otra epidemia, la de la violencia intrafamiliar y esa parece incontenible.
Las cifras son dramáticas; en promedio, en todo lo que va del año, los sistemas de emergencia en el estado reciben mil llamadas de auxilio por semana, y sí, al igual que con el coronavirus, los saltillenses reclaman el primer lugar estatal.
La mayoría de esas llamadas de auxilio son de mujeres, y la inmensa mayoría de los casos refiere golpes y abusos, incluso sexuales, por parte de varones hacia sus propias esposas e hijos.
Hace 18 meses, con el confinamiento, con la cuarentena extendida, la incidencia de violencia intrafamiliar se disparó. El tema es que, con el regreso a las actividades económicas, a la “normalidad”, la incidencia no disminuyó. Al contrario, se mantiene en niveles francamente alarmantes.
Mil llamadas de auxilio por semana, mil casos de violencia en los hogares registrados oficialmente y que colocan a Coahuila con la cuarta tasa más alta de reportes al 911 a nivel nacional.
De plano, esta epidemia no parece contenerla nada y ello refleja lo podrido que estamos como sociedad.
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