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Coahuila

Los muy, pero muy tontos

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 5 años

Vamos colocando en su justa dimensión el tema de las vacunas. Sí, representan una esperanza, pero llegan a cuentagotas y según el propio plan de la 4T, la aplicación universal y gratuita tardará al menos un año; así que prudencia. Pero en vía de mientras tenemos asuntos que debemos ponderar en nuestro día a día.

Va un ejemplo: Parecerá increíble, pero a estas alturas aún podamos encontrar a “ciudadanos negacionistas”, que con su actitud nos obligan a reconsiderar todas las implicaciones de lo que significa ser estúpido.

Comparto lo que podría ser una anécdota, pero que, por sus alcances, es mucho más importante y grave: este fin de semana, el Aeropuerto de la Ciudad de México experimentó aglomeraciones; cientos y cientos de ciudadanos que querían viajar para pasar el fin de año en algún destino turístico, principalmente a la playa.

Aunque los protocolos del Aeropuerto Internacional establecen como obligatorio el uso de cubrebocas, fue posible encontrar a “ciudadanos” que no lo usaban.

Un reportero de una televisora nacional se aproximó a uno de ellos y lo cuestionó del por qué no usaba cubrebocas, y su respuesta fue francamente alarmante, tras 10 meses de pandemia. Dijo, y cito: “no creo en nada de esto, son mentiras del Gobierno”.

¡Wow! Este ciudadano, supongo, cree que los gobiernos del mundo se confabularon para crear todo un escenario internacional de crisis sanitaria y económica para molestarlo.

Este ciudadano no cree que el coronavirus ha matado a 123 mil mexicanos, según los registros oficiales; no cree en el devastador golpe a la economía familiar de cientos de miles de compatriotas que han sufrido los efectos de la cuarentena y de la errática reactivación económica.

No cree en los dramas que se viven cotidianamente en miles de hogares, ni en que el sistema de salud esté al borde del colapso, con hospitales saturados y médicos y enfermeras agotados por luchar cotidianamente desde sus trincheras contra el virus.

No, él no cree y entonces no existe. Él se considera la medida de todas las cosas, un rasgo muy propio de los que son muy, pero muy tontos.

Quedaría esperar que su estupidez no le arrebate la salud, o la vida, o que arrastre en su irresponsabilidad a alguien más, aunque lo más probable es que sí lo haga, ya que son los muy tontos (como él), los que alimentan cotidianamente a este virus.

Sí, a estas alturas de la pandemia, 10 meses después, hay que lidiar con la estupidez de muchos, con o sin vacunas.

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