Los gigantes tecnológicos son los nuevos amos del mundo. Édgar London escribe acerca del tema en la edición del 31 aniversario de “Espacio 4”. Empieza por advertir que “la precarización laboral, la opacidad en la distribución de ingresos, el control algorítmico y la concentración del poder económico son algunos de los problemas que plantea la expansión de las plataformas digitales”. Observa que si bien estas corporaciones “se presentan como intermediarias entre proveedores y clientes, sus reglas pueden determinar las condiciones de trabajo, el acceso al mercado y las posibilidades de obtener ingresos, mientras la distribución de responsabilidades entre las compañías y quienes participan en sus servicios sigue siendo motivo de debate.
“El fenómeno –señala London– rebasa las aplicaciones de transporte como Uber, Didi o InDrive, que suelen ser las más criticadas. Empresas de reparto, mercados de comercio electrónico, plataformas de trabajo profesional y redes de contenidos participan de una transformación que modifica la relación entre quienes producen valor y quienes administran los espacios digitales donde ese valor se genera. Sus modelos de negocio son diferentes, pero comparten la capacidad de controlar una infraestructura privada que conecta a múltiples participantes y establece las condiciones bajo las cuales pueden interactuar.
“Durante décadas, una empresa de transporte necesitaba vehículos y conductores; una compañía de mensajería, repartidores; un medio de comunicación, una estructura de producción y distribución. La digitalización permitió desarrollar modelos en los que una compañía puede coordinar buena parte de esas actividades sin poseer todos los recursos materiales ni contratar directamente a todas las personas que las realizan. Uber es uno de los ejemplos más conocidos. La empresa conecta pasajeros y conductores mediante una aplicación, mientras estos últimos aportan el vehículo y realizan los viajes. La compañía administra el acceso al servicio, procesa los pagos y establece las condiciones de funcionamiento de su plataforma.
“En su columna ‘La fuerza irreal de la economía’ (Reforma, 23.10.26), el escritor Juan Villoro examina las consecuencias de este modelo. ‘El nuevo capitalismo opera de manera espectral’, escribe, al referirse a una empresa que se presenta como intermediaria tecnológica, aunque organiza una actividad económica de la que depende el trabajo de millones de personas. La observación permite ampliar el análisis. La cuestión no se limita a determinar si Uber es una empresa de transporte o una compañía tecnológica. Se trata de comprender qué significa administrar una actividad económica cuando el control se ejerce mediante aplicaciones, algoritmos, sistemas de calificación y condiciones de uso.
“La intermediación digital no es, por sí misma, una práctica abusiva. Puede reducir costos de búsqueda, facilitar pagos y conectar a personas que difícilmente habrían encontrado clientes por otros medios. El problema aparece cuando la empresa que administra el acceso al mercado adquiere una posición desde la cual puede modificar unilateralmente las condiciones de participación, mientras quienes dependen de ella cuentan con pocas alternativas o mecanismos de defensa. […]
London apunta, por otra parte, que “la expansión de las plataformas plantea también preguntas sobre la fiscalización, la competencia y las obligaciones empresariales. Las compañías pueden operar internacionalmente, procesar pagos en distintas jurisdicciones y mantener estructuras corporativas complejas. Estas características no prueban por sí mismas que exista evasión fiscal, pero hacen necesario examinar dónde se generan los ingresos, qué obligaciones corresponden en cada país y qué capacidad tienen las autoridades para verificar su cumplimiento.
“El problema tiene una dimensión económica que rebasa la relación entre las plataformas y quienes prestan servicios. ‘Quienquiera que controle la plataforma también controla el canal de distribución, lo que otorga al propietario de la plataforma (y los datos) dominante un considerable poder de mercado’, advierte la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)”.
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