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Por Columnista Invitado

Hace 3 años

Por: Iván Jiménez

 

Todos los días, por diversas razones, salgo a caminar por el Centro Histórico de Saltillo. Estas últimas semanas las calles han estado llenísimas de quienes buscan el mejor regalo de Navidad para sus seres queridos o en general adquirir todos los preparativos para la cena de Nochebuena.

Aunque en algunos momentos se pueda convertir en una prueba de paciencia para quienes habitamos aquí, en otros, me genera bastante alegría observar una dinámica tan natural que pareciera tener el poder de borrar los últimos tres años de nuestra historia.

Un poder que nos ayuda a liberarnos por un momento de los estragos que dejaron la emergencia sanitaria y la crisis económica, que aligera un poco la silenciosa tristeza de recordar a quienes no podrán acompañarnos en la mesa.

Me pone contento creer que nuestros adultos mayores están gastando su pensión en regalos para sus nietos pues estoy convencido de que actos tan sencillos como otorgar un detalle comprado con dinero que les corresponde, les dignifica la última etapa de su vida y los aleja de la horrible soledad en la que siguen partiendo muchas de nuestras abuelas o abuelos.

Me alegra también creer que habrá menos charlas incómodas, pues el año comenzará con un número histórico de personas trabajadoras registradas en la formalidad, así como con un menor número de jóvenes dejando sus estudios.

Y no está de más mencionar que habrá júbilo en aquellas familias que se otorgaron una segunda oportunidad al entender que la plenitud de uno de sus miembros depende de la naturalidad con la que aceptamos su identidad, pues las personas de la comunidad LGBTTTIQ, expresan con mayor libertad sus emociones, o bien, encontraron otra familia donde los tratan con la dignidad que merecen, y en esos círculos seguramente también habrá alegría a manos llenas.

No me malentienda. Basta con leer el resto de mis colaboraciones para observar que no es mi intención romantizar las diversas realidades de nuestro país.

Sé que hay personas para quienes este día es tan pesado y horrible como todos los demás; aún hay adultos mayores viviendo al día con lo que venden en canastas y jóvenes que perciben su vida truncada por la falta de oportunidades en sus regiones.

Así pues, resulta complicado intentar escribir desde la alegría cuando muchos acostumbramos nuestra pluma al señalamiento de los contrincantes, el análisis de la realidad o la defensa de posicionamientos. Sin embargo, hay tiempos y espacios para todo.

Por eso deseo que usted haya tenido una gran noche, rodeado de increíbles personas, con bastantes alegrías, sorpresas y abundantes alimentos.

Espero también, que usted así como yo, guarde muchísima esperanza en el porvenir y que su mayor anhelo sea que todas y todos en este país podamos tener una Navidad plena en un futuro no muy lejano.

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