Los cocheros se convirtieron en taxistas; carretones pasaron a los automotores, y a exigir choferes aseados y bien presentados…
Cuando el tráfico vehicular, no era ni siquiera la décima parte de lo que ahora fluye por las nuevas y viejas calles del Saltillo, en la ciudad había cuatro gallardos motociclistas y una decena de agentes viales de a pie.
Nos ubicamos en la primera mitad del siglo pasado, aunque mil veces menor que al actual, la capital del estado ya registraba un movimiento vehicular “sorprendente”.
Las autoridades municipales comenzaban a retirar los carretones y coches estirados por caballos, burros o mulas, pues el estiércol de las bestias invadía las calles de la ciudad, algunas sin pavimento. Los dueños de estos transportes de carga y de pasajeros comenzaron a utilizar automóviles para dar el servicio, instalando sitios en los costados de la Plaza Manuel Acuña, en el Centro Histórico, y en otros lugares. Sí, los cocheros se convirtieron en taxistas y de aquellos antaños carretones pasaron a los automotores y a exigir choferes aseados y bien presentados; algunos de los dueños utilizaron traje y corbata y competían por el modelo más moderno. Comenzaban a despuntar dos o tres agencias de automóviles que daban facilidades de pago a los compradores. Entre ellas la de don Miguel Dainitín.
Así surgen a la fama cuatro jóvenes agentes motorizados, los primeros de la era moderna que recuerdo: Óscar Flores Tapia, Pedro Cepeda, Carmelo Cipriano y Vicente Rangel, que lucían con bizarría y galanura los uniformes color caqui, (entre amarillo y beige) y café, con sus respectivas botas de montar y quepí (gorra cilíndrica o ligeramente cónica, con visera horizontal, que como prenda de uniforme usan los militares en algunos países).
Cada uno de los cuatro agentes motorizados con potentes máquinas de la marca Triumph, que tiene características como potentes motores, suspensiones, frenos, iluminación y ergonomía, (mayor comodidad y eficacia), y Harley Davison, cuya publicidad de entonces para definirla destacaba su potencia, libertad y gallardía; Óscar Flores Tapia sería 30 años después Gobernador del Estado.
Los agentes de tránsito de entonces eran auténticos profesionales que se encargaban de regular el tráfico de automóviles y peatones en las vías públicas de la ciudad.
Dato curioso
En la década de los años 50 había dos semáforos en la ciudad de Saltillo, uno en Allende y Aldama, y otro en Allende y Pérez Treviño.
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