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¡Los regaños de la señora Presidenta!

Por Ricardo Alemán

Hace 6 horas

¿Qué le está pasando a la Presidenta de México?

¿Por qué esos recurrentes arranques de intolerancia y su cada vez más frecuentente proclividad al regaño público?

¿Será que, como ocurre en el caso de las fieras, son más violentas cuanto más acorraladas están?

¿Olvida la Presidenta que los mandantes –los ciudadanos que la llevaron al poder–, tienen todo el derecho de exigir que cumpla con el principio de buen Gobierno?

¿O será que ya no recuerda que su movimiento opositor se construyó sobre el reclamo callejero, la manifestación, el plantón y la confrontación con el poder en turno?

Pero hay más: ¿imaginan la escandalera opositora, si los desplantes del enojo presidencial los hubiesen escenificado –por ejemplo–, Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto?

Por eso, vale recordar que la historia registra el regaño de López Portillo a los periodistas. Así les gritó: “¡No les pago para que me peguen!”.

Peor aún, en los más recientes videos de los arranques de cólera de la Presidenta, no sólo se le descompone el rostro, sino que amaga con el índice derecho en alto, en un gesto que caracterizó a los tiranos de todos los tiempos

Y valen las preguntas ya que –mientras transcurre su sexenio–, la presidenta Claudia Sheinbaum aparece más intolerante, colérica y regañona, lo que pareciera confirmar su gestión fallida.

Pero vamos por partes: el más reciente regaño se produjo apenas el sábado 11 de abril del 2026, en el municipio de Chiapa, Puebla, en donde la Presidenta regañó a manifestantes, quienes protestaban contra la instalación de una planta de reciclaje de basura y contra el Gobierno estatal.

Fuera de sí, blandiendo el brazo derecho y con el índice en alto, la Presidenta gritó: “Les dije que iba a dialogar con ustedes y de todas maneras, ustedes se manifestaron, a pesar de que les dije que los iba a recibir… los estoy recibiendo a pesar de que en un evento donde estamos entregando a la gente vivienda, ustedes vinieron a manifestarse”, exclamó mientras apuntaba con su dedo índice.

Meses antes, el sábado 31 de enero del 2026, durante la presentación del Plan de Justicia para los Trabajadores Agrícolas de San Quintín, en Baja California, la Presidenta también regañó a diputados locales y a un senador, además de que les exigió: “trabajar más con la gente”.

Visiblemente alterada, blandiendo el brazo derecho y con el índice en alto, la Presidenta se negó a fotografiarse con legisladores bajacalifornianos, luego de un evento al que sólo acudieron jornaleros y autoridades federales.

En el video, de pocos segundos, Sheinbaum reacciona a los gritos de legisladores y con el rostro descompuesto lanzó furiosa lo siguiente: “¡Todos ustedes: a trabajar más con la gente!”, dijo a gritos la Presidenta.

Entre los regañados aparecieron Armando Ayala Robles, senador y expresidente municipal de Ensenada; Evelyn Sánchez, diputada al Congreso de Baja California y Miriam Cano, Alcaldesa de San Quintín.

Pero resulta que la Alcaldesa de San Quintín fue ignorara por todos, en especial por la Presidenta, luego que un puñado de ciudadanos exigieron a gritos su despido de la Alcaldía.

Meses antes, el 12 de octubre del 2025, durante un recorrido por las zonas afectadas por las lluvias en Puebla y Veracruz, no pocos ciudadanos inconformes orquestaron un reclamo colectivo que, de nueva cuenta fue respondido con un regaño presidencial. “¡Como no se callan, ya me voy!”, amenazó y, en efecto, se fue.

Más tarde, en Huauchinango, Puebla, el regaño fue para el Presidente Municipal, Rogelio López. Resulta que los habitantes de Huauchinango señalaron al Alcalde por no ordenar el rescate de personas de la tercera edad.

“¡Están incomunicados y no pueden salir!”, gritó una mujer a la Presidenta. En respuesta, Rogelio López dijo: “¡Ya se está trabajando…!”

Pero la Presidenta le reviró al Alcalde: “¡Usted me dice que sí trabajan, pero la gente me dice que no y la verdad yo prefiero creerle a la gente”.

Sí, los anteriores son ejemplos públicos de la intolerancia y el despotismo presidencial.

¿Se imaginan el tamaño de las venganzas de Palacio; de la intolerancia presidencial contra quienes se atreven a decirle “¡no!”?

Sí, la señora Presidenta no es y nunca será una demócrata; más bien se quedó en mero remedo de los dictadores bananeros con los que se reunirá en España.

Al tiempo.

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