Espectáculos
Por
Redacción
Publicado el viernes, 12 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- Lo guadalupano, además de uno de los fervores más connotados, es un rasgo de identidad que alcanza a todos los mexicanos, sean católicos y guadalupanos o no.
Quizá el mejor ejemplo de esto sea aquella frase de Heberto Castillo en la que reconocía el fervor de muchos comunistas por la Guadalupana, debido a que la identificaban como la patrona del proletariado.
Después de esto, no sorprende, por ejemplo, que rebeldes de la talla de Alex Lora sean fieles devotos de la virgen morena; o el caso de Paco Barrios, “El Mastuerzo”, que hasta le compuso una canción.
Todos nos vemos influenciados de una u otra manera. Quizá donde más se nota este fervor, o al menos influencia, es en la abundancia de Lupes en todo el país.
LAS ANTILUPES
Los padres bautizan a sus hijos con nombres de santos para evocar aquel mantra de “nombre es destino”. En la farándula, la gama de Lupes presenta tantas variantes que la frase no se cumple.
Qué mejor ejemplo, para empezar, que Lupita D’alessio. Célebre por su carácter y sus erupciones súbitas, así como por sus cinco matrimonios o sus constantes enemistades, esta Lupita es sin duda lo contrario a lo guadalupano.
Otro ejemplo, con una historia más torcida, es el de Lupe Vélez, la primera mexicana que triunfó en Hollywood. Tal era su carácter, que en la meca del cine se le conocía como “la explosiva mexicana”, mote de doble sentido porque refería lo mismo a su bravura que a su apetito sexual.
La historia de su suicidio en realidad terminó en trágico accidente: planeaba matarse con pastillas y acostarse desnuda en una cama llena de rosas, pero terminó vomitando, y al tropezar con su propio vómito se golpeó la nuca contra la taza del baño.
Otra historia turbia de una Lupe antiguadalupana es la de Pita Amor, mujer cuya leyenda se debe más al escándalo que a la obra poética que presumía. Se sabe que odiaba usar ropa interior bajo sus enormes mantones. Fue modelo de pintores y causa de los delirios de otros tantos artistas, hombres y mujeres.
LOS BUENOS EJEMPLOS
Pero hay ejemplos mejores. Por ejemplo, la siempre bien portada, morena y de voz privilegiada Guadalupe Pineda, quien quizá es la que mejor ostenta el nombre de Guadalupe en la farándula.
Otra que lo lleva con decoro es Guadalupe Loaeza, la chica fresa de las letras mexicanas. Desde luego, con las excentricidades y protagonismos que caracterizan a uno que otro bestsellerista, lo cierto es que la Loaeza se comporta con decoro y se declara guadalupana sin dudar.
Y la Lupe más proba en realidad es hombre: Lupe de Bronco, o más bien de Gigante de América. Un muchacho bien portado, sin los escándalos que caracterizan a sus colegas de género, humilde y de composiciones pegadoras. Sin duda, un buen portador de su nombre.
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