Por: MANUEL J. JÁUREGUI
Nos da tristeza compartir estos datos con ustedes, amigos lectores, pero vale la pena mencionarlos para que los conozcan y saquen sus conclusiones.
De acuerdo con datos del Coneval, del 2018 al 2020, la pobreza en México se incrementó en 3.8 millones de personas, pasando del 41.9% al 43.9% de la población. Siendo el incremento en la pobreza extrema el que más lacera, pues esta subió de 7% de la población al 8.5 por ciento.
Por supuesto que se pueden extraer muchas derivadas de estos números, pero para nosotros la más relevante es que si estos son veros, quiere decir que las políticas de dádivas del actual Gobierno no resuelven la pobreza, y de hecho puede ser que hasta contribuyan a acentuarla, ya que el dinero público empleado para regalarse a los “ninis” y a los “nonos” y a los “nanos” caseros, estresa las finanzas públicas de tal manera que no queda dinero para invertir en la generación de empleos por conducto de un robusto gasto público en infraestructura. Esto, por supuesto, se requiere en todo el país, no nada más en ciertas zonas (sureste).
Ahora que si por equis, y griega o zeta, no hay inversión pública, lo razonable sería esperar a que el Gobierno le prendiera la mecha a la inversión privada para que los empleos que se han dejado de crear en el sector público, los genere el sector privado, el cual compone la predominante masa de nuestra economía. Ello no solo incentivándola (la inversión), sino eliminando las trabas para arrancar negocios o para operarlos.
Otra derivada de los números citados es que las odiadas –por el Presidente y su círculo cercano– “políticas neoliberales” han demostrado ser más efectivas en reducir la pobreza que las actuales. Para algunos de la 4T, esto ha de sonar como blasfemia, para nada les ha de cuadrar que se diga que este Gobierno ha generado más pobres que ningún otro desde la Revolución.
Podrán pretextar que fue la pandemia –que sin duda contribuyó– pero este Gobierno “austeramente republicano” pudo haber hecho mucho más por apoyar a nuestra economía para reducir los estragos de la contracción pandémica entre la población más vulnerable.
En lugar de actuar prefirieron no hacer nada –por lo menos no algo efectivo– y desdeñaron al sector privado cuando le propusieron al Gobierno reducir la carga fiscal de forma gradual y así ayudar a que no quebraran cientos de miles de empresas. Si acaso hay más pobres en México, se debe a que no encuentran forma de sostenerse y salir de la pobreza.
Crear empleos equivale a salvar vidas, la misma Biblia afirma que si quieres ayudar a un hambriento, no le regales un pescado, ¡enséñalo a pescar! Ninguna dádiva gubernamental podrá suplir la falta de empleos redituables y perdurables, esto también lo demuestran las cifras del Coneval.
Habrá que ver si los señores de la 4T cambian de rumbo rectificando sus errores, algo que dudamos que suceda, ya que si algo ha demostrado el régimen es su absoluta tozudez. Es el actual un Gobierno que una y otra vez ha demostrado su incapacidad para escuchar, para dar cabida a otras ideas –incluso otros datos– y que nunca reconoce haberse equivocado.
Hagan de cuenta la infalibilidad del papá, solo que en un Presidente-hombre orquesta que todo lo quiere controlar y que basa su actuar en el interés político y para nada, cero, en el aspecto administrativo tomando en cuenta razones de economía moderna de eficiencia y eficacia.
La cereza del pastel de esta Administración parece ser, alcanzar y conservar el poder por encima de todas las cosas. Lo que se pretende es dominar la vida política nacional: ¡que nadie ponga una sola vacuna antiCovid, si no es “el Señor” ¡Al diablo con las instituciones de salud!
Las fuerzas que ejercen el poder hoy en México no quieren que nadie pesque, lo que quieren es obligar al ciudadano a estirar la mano y pedir la sardinita: crear una dependencia absoluta en el gobernante, no ser meramente un Presidente, sino una deidad a la que se le quema incienso y se le agradece todo… ¡hasta el aire que respiramos!
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