POR: MAURICIO MESCHOULAM
Lo de Trump y la designación de cárteles como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) no es un tema nuevo. Sin embargo y al margen de los puntos de vista que se tengan al respecto, este asunto debe analizarse no sólo desde el ángulo de las consecuencias materiales, sino también desde lo político y lo simbólico, pues es en este último rubro, y menos en lo primero, que Trump usualmente opera.
1. El mayor problema respecto al terrorismo es cuando se politiza el término o se usa para el discurso o la justificación de otras violencias, pues esto hace que el vocablo pierda sentido y que se oscurezca un fenómeno que sí es real, una categoría específica de violencia que sí existe y que necesita ser atendida y combatida desde sus causas raíz hasta medidas de prevención y desradicalización e inteligencia.
2. Por supuesto que muchos de los actos violentos cometidos por organizaciones criminales mexicanas a lo largo de estas décadas tienen una o varias de las características del terrorismo convencional. Pero no siempre todas. No obstante, más allá de la discusión que podamos tener al interior de nuestro país al respecto, lo que necesitamos entender es que países como EU asignan o eliminan las designaciones de terrorismo dependiendo de agendas políticas, intereses, negociaciones y objetivos específicos, lo que no nos habla del fenómeno en sí mismo (terrorismo) sino más bien de la agenda política en turno. Por ejemplo, cuando Washington negociaba con Irán, omitía designar a las Guardias Revolucionarias Islámicas iraníes como terroristas. Luego, cuando Trump abandona el acuerdo nuclear, sí hace la designación. O bien, a un país como Sudán (designado hasta 2020 como Estado que apoya al terrorismo) se le ofreció retirar esa etiqueta si normalizaba sus relaciones con Israel.
3. Así que, en efecto, la designación de organizaciones terroristas o de países que apoyan al terrorismo, otorga herramientas financieras y políticas a Washington para sancionar o incluso para aplicar la extraterritorialidad de la ley al permitir misiones de inteligencia, asesinato o combate, en aras de la lucha contra el terrorismo global. Pero se trata de elementos que no siempre están determinados por la existencia o no del fenómeno en sí mismo, y que por tanto resultan altamente flexibles: van y vienen dependiendo del momento político que se viva en el mundo y en EU. El resultado, por supuesto, es que lejos de incidir propiamente en el combate al terrorismo, lo que hacen es que respaldan la política que busca proyectar que el fenómeno está siendo combatido. Esto último es particularmente relevante para alguien como Trump mucho más motivado por exhibirse como un Presidente que cumple que por los resultados últimos de ese cumplimiento.
4. De manera que si (a) él ya había intentado designar a cárteles como terroristas y “la gente de su Gabinete no lo dejó”, y (b) él prometió hace meses que esta vez sí lo haría; era absolutamente previsible que, asumiendo el poder, esta sería de las primeras decisiones que anuncie. No solo se trata de cumplir una amenaza y promesa, sino que le permite proyectar la percepción del combate serio y determinado a temas que son sensibles en EU como el fentanilo.
5. ¿Significa eso que el fenómeno del crimen organizado o sus tácticas terroristas serán más eficazmente combatidos por esas designaciones? La experiencia histórica nos dice que no es así, esencialmente porque esas designaciones buscan mucho menos eso (el combate a un fenómeno) y mucho más enviar el mensaje político (para sus audiencias interna y externa) que señalo. Lo que sí debemos es esperar todo un espectáculo al respecto.
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