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Memoria de tres cronistas de futbol: nostalgia y economía (I)

Por Federico Muller

Hace 4 meses

Aunque nació y se organizó en Europa, este deporte ha sido incorporado en México como una parte esencial de la idiosincrasia nacional, y muestra de ello es que el país será sede por tercera vez del Mundial de la FIFA

El futbol es un deporte de conjunto con una estructura operativa sencilla y de muy bajo costo. Por ello ha encontrado practicantes entusiastas entre niños y jóvenes de las favelas brasileñas o de las comunidades pesqueras de las costas kenianas: basta con una superficie de terreno relativamente plana, dos travesaños y una pelota para jugar. Correr detrás de un balón y golpearlo con el pie no exige gran capacidad cognoscitiva; sólo requiere habilidades físicas, coordinación y un buen sentido de orientación en el campo que permita que jugador y jugada se encuentren en el momento preciso para definir el gol.

Quizá por esa misma facilidad de aprendizaje, el futbol ha arraigado profundamente entre las clases populares de este país. Aunque nació y se organizó en Europa, la cultura mexicana lo ha incorporado como parte esencial de su idiosincrasia nacional. No es casualidad que México sea el primer país del orbe en organizar tres Copas del Mundo (1970, 1986 y 2026) en un lapso menor a 60 años.

 

El encanto del futbol en México

Tal vez el mexicano lleve el entretenimiento y la pasión que le produce el futbol a una dimensión simbólica superior. Durante los 90 minutos que dura un partido de su club favorito o de la selección nacional, sin proponérselo e incluso sin advertirlo, podría llegar a comulgar en el imaginario colectivo con la idea vasconceliana de la raza cósmica: una identidad nacida de la fusión de múltiples culturas, desde las civilizaciones originarias de América hasta las tradiciones europeas, africanas y asiáticas. En ese breve lapso, el aficionado parece desprenderse de las limitaciones y frustraciones asociadas a una larga historia de desigualdad y rezago social. El hechizo es efímero, pero se renueva una y otra vez cada que cruza las puertas de un estadio o se integra a la multitud que sigue el espectáculo futbolístico.

 

¿El relato más importante que el acontecimiento?

La representación simbólica del futbol provoca que lo que ocurre en la cancha pase con frecuencia a un segundo plano. Las jugadas, las victorias y las derrotas adquieren una dimensión casi mítica por la forma en que son narradas por los cronistas de la radio y la televisión. Para millones de aficionados que siguen los encuentros a distancia, la narración de la experiencia termina por tener tanto valor como la experiencia misma, e incluso, en ocasiones, la supera. El partido se transforma entonces en un relato poblado de héroes, hazañas y gestas deportivas que alimentan la imaginación colectiva.

Entre 1970 y 1990 surgieron en México tres verdaderos magos de la comunicación deportiva. Dotados de estilos distintos, pero igualmente eficaces, supieron extender los sueños de varias generaciones de aficionados al narrar los encuentros de futbol. Sus voces no sólo describían lo que sucedía en el terreno de juego; también construían emociones, magnificaban las proezas y convertían cada partido en una historia digna de ser recordada.

 

Crisis, transición económica y monopolio televisivo: el escenario de los cronistas deportivos

La afición que asistió a la inauguración de la Copa Mundial de Futbol México 1986, en el Coloso de Santa Úrsula, el 31 de mayo, opacó con un sonoro abucheo la declaratoria inaugural que pronunciaba el Presidente de México, Miguel de la Madrid. Aquella manifestación pública era un signo del desgaste político del partido gobernante y del descontento social acumulado durante los años de crisis económica. El modelo de sustitución de importaciones entraba en su fase terminal para dar paso a una estrategia orientada a la promoción de exportaciones.

En el periodo de transición entre el ocaso de un modelo y el surgimiento del otro, el nacionalismo económico se entendía como la protección de la producción nacional frente a la competencia internacional. El Estado restringía la inversión extranjera y, en algunos sectores estratégicos, impedía su participación. Uno de ellos era el de las comunicaciones electrónicas: la radio y la televisión. Una sola empresa privada, establecida en la Ciudad de México, concentraba más de 89% del mercado televisivo nacional. El resto de la oferta era cubierto por canales públicos, privados y universitarios.

Este cuasi monopolio representaba una limitación para cronistas deportivos, comentaristas y conductores de televisión, pues los hacía vulnerables al relevo o la sustitución cuando sus opiniones contravenían el statu quo. A pesar de ello, la calidad profesional, la disciplina y la popularidad permitieron que figuras como Fernando Marcos, Ángel Fernández y Jorge “Che” Ventura permanecieran durante más de dos décadas en los medios electrónicos. Además de su talento narrativo, supieron desenvolverse con habilidad en un periodo marcado por profundas transformaciones económicas, políticas y culturales.

 

Fernando Marcos

Fue un agudo observador del futbol. Jugador, entrenador, árbitro y, en el ocaso de su vida profesional, comentarista de los partidos transmitidos por televisión. Desde la cabina de narración instalada en los estadios o desde el estudio, supo aprovechar su vasta experiencia para desarrollar una singular capacidad de síntesis. Al término de cada encuentro acostumbraba elaborar una especie de editorial de apenas cuatro palabras. Sin aspavientos, gritos ni expresiones altisonantes, resumía el partido con frases como: “partido pasado por lluvia”.

La metáfora, la paradoja y el contraste eran recursos habituales en su lenguaje. Con ellos, obligaba al televidente, especialmente al aficionado identificado con algún club, a establecer asociaciones de ideas y comprender el futbol más allá de la prosa cotidiana de su propio universo verbal. Sus comentarios no sólo describían lo ocurrido en la cancha; también invitaban a reflexionar sobre el significado del juego. En una época en que la estridencia todavía no dominaba las transmisiones deportivas, Fernando Marcos convirtió la brevedad y la inteligencia verbal en una forma de pedagogía futbolística.

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