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México, entre las cadenas productivas de Estados Unidos y China

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 3 semanas

El texto de hoy da continuidad a lo expuesto en la columna anterior. En aquella entrega concluíamos que uno de los principales retos de la economía mexicana no consiste únicamente en exportar más —nuestras ventas al exterior han alcanzado cifras récord en los últimos meses—, sino en generar una mayor proporción de valor agregado mexicano en lo que vendemos al mundo. Según el reporte publicado esta semana por la Oficina del Censo de EU, México exportó a ese país 419 mil millones de dólares durante los primeros ocho meses de 2026.

Y es que, mientras nuestras exportaciones han crecido considerablemente, la participación forward de México en las cadenas globales de valor ha permanecido prácticamente estancada. En otras palabras, hemos fortalecido nuestra capacidad exportadora (valor bruto de las exportaciones), pero seguimos dependiendo en gran medida del valor agregado extranjero que incorporamos a los productos que vendemos al mundo.

Pero, ¿de qué países proviene el valor agregado que incorporamos a nuestras exportaciones y cómo ha cambiado esa dependencia? Datos de la Organización para la Cooperación el Desarrollo y Económicos (OCDE) muestran una profunda transformación en el origen del valor agregado que México incorpora en sus exportaciones. Entre 1995 y 2022, el valor generado en el extranjero y contenido en los productos que México vende al mundo creció a una tasa promedio anual de 9.9%, superior al 7.1% registrado por el valor agregado nacional.

No queda duda, Estados Unidos continúa siendo el principal país de origen. En 2022, las exportaciones mexicanas incorporaron 71,784 millones de dólares (mdd) de valor agregado estadounidense, frente a 40,091 mdd provenientes de China. Después está Alemania, con 8,225 mdd; Japón, con 7,911 mdd; Corea del Sur, con 7,533 mdd, y Canadá, con 5,569 mdd. Es decir, Estados Unidos sigue ocupando el primer lugar en términos absolutos, pero China se ha consolidado como el segundo país que más valor agregado aporta a los productos finales que México exporta.

Algo más interesante surge al analizar el cambio en la dependencia de ese contenido extranjero. En 1995 Estados Unidos aportaba casi el 62% y China apenas el 0.5%, para 2022 (último dato oficial de la OCDE) la participación estadounidense se redujo al 25.6% y China alcanzó el 14.3%. Es decir, en el periodo en que México se integró a las cadenas productivas de Norteamérica —proceso que se intensificó con la firma del TLCAN—, también incorporó progresivamente a su producción exportadora una proporción creciente de valor generado en China.

Esta reconfiguración para la economía mexicana es más visible desde las tasas medias de crecimiento anual, que exponen un contraste importante. Entre 1995 y 2022, el valor agregado proveniente de China creció a una tasa promedio anual de 24.6%, muy por arriba del 6.3% de Estados Unidos. Esta dinámica también se observa en otras economías asiáticas, como Corea del Sur (11.3%) y Taiwán (10.8%), cuyos ritmos de crecimiento superaron los de Canadá (9.6%), la Unión Europea (9.7%) y Japón (5.8%). Es de esta manera que, aunque Estados Unidos conserva su liderazgo en términos absolutos, China y otras economías asiáticas han ganado presencia de manera acelerada en las cadenas productivas vinculadas con las exportaciones mexicanas.

Por lo que, aquí radica una de las principales preocupaciones de la política comercial estadounidense: reducir su dependencia productiva de Asia, particularmente de China. Pero los datos muestran una difícil realidad: la creciente integración de México con Norteamérica avanza de la mano de una mayor incorporación de valor agregado asiático en nuestras exportaciones. Y esta contradicción es uno de los grandes retos que seguirá sobre la mesa de las revisiones anuales del T-MEC.

 

 

 

 

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