“Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias.”
Viktor Frankl
Todos tenemos heridas. Todos hemos vivido circunstancias donde nos hemos sentido agredidos u ofendidos. Y es natural que cuando pasamos por esas situaciones, se nos genere cierta ira, coraje, o rencor. Pero es necesario que elijamos no quedarnos con la ira y la rabia que esa herida nos genera, porque esto nos va endureciendo en gran manera el corazón.
Todos tenemos una historia de perdón que hemos aprendido desde pequeños.
Tal vez perdonar era una realidad meramente impuesta; tal vez consistía en responder automáticamente a la ofensa; tal vez jamás se habló de ella en nuestro hogar. Pero es necesario recordar cómo se vivían las experiencias del perdón en nuestro núcleo familiar… porque solemos vivirnos de la misma manera en la que aprendimos.
¿Cómo ha sido tu historia del perdón?
¿Cómo lo viviste desde niño? ¿Cómo es tu relación con el perdón?
¿Te es fácil perdonar o te es difícil?
¿Cómo te vives en tu relación con él? ¿Qué creencias o frases te conectan con tu experiencia del perdón?
Para poder comprender lo que es el perdón, hemos de aclarar lo que no es.
Perdonar no es aceptar que estuvo bien lo que vivimos.
Perdonar no es hacer cómo que no pasó nada. Perdonar no es olvidar.
Perdonar no es aceptar o asumir que estuvo bien, ni justificar las acciones.
Podemos aferrarnos a no perdonar por las ganancias que obtenemos.
Porque tenemos a la persona en esa máscara de victimario; porque me funciona que se sostenga en la culpa, porque tengo el control de la persona.
Cuando perdonamos, nuestra vida se transforma porque nos liberamos de estar en el estado del “no perdón”. Nos liberamos de la ira, impedimos que el resentimiento controle nuestra vida, y recuperamos la paz.
El perdón tiene cuatro dimensiones. Solicitar perdón, dar el perdón, recibir el perdón, perdonarse a uno mismo. Conocer estas dimensiones nos permite ver cómo vivimos nuestro propio proceso de perdón.
A ti… ¿Qué se te facilita más? ¿Otorgar el perdón, pedir perdón, recibir el perdón, o perdonarte a ti mismo?
El perdón es un proceso que lleva su tiempo, pero va de la mano de una decisión.
Perdono porque “quiero” querer perdonar.
Perdono porque “elijo” no estacionarme en ese lugar que no me da paz.
Perdono porque quiero avanzar y sanar la herida.
Ahora pregúntate… En esa historia personal de perdón:
¿Qué pendientes tengo? ¿Qué heridas cargo?
¿Qué deseo perdonar y dejar atrás? ¿Me deseo reconstruir?
¿Cómo puedo iniciar el proceso del perdón?
Reconociendo que fui herida.
Identificando que fue lo que perdí con la ofensa.
Aceptar las emociones que se vinieron con ella. (La posible ira y deseos de venganza que se me generaron.)
Elegir el amor y sostenerme en él. Decidiendo no vengarme y actuar desde la mejor versión de mi.
Perdonándome por lo que esto me haya generado.
Reconociendo que la otra persona es humana, y que ambos fallamos.
El psicólogo clínico Everett L. Worthington Jr., quién ha dedicado su carrera a la investigación del perdón, nos enseña con su técnica “REACH Forgiveness” cómo perdonar. Estos fueron los pasos que él utilizó para perdonar al asesino de su madre.
R = RECORDAR. Recuerda la ofensa lo más objetivamente posible. Reconoce las emociones que se te generaron con ella.
E = EMPATIZAR con la persona que te ofendió. Imagina que la otra persona está en una silla vacía frente a ti. Desahógate. Cuando hayas dicho todo lo que querías decir, siéntate en la silla y respóndele al tú imaginario como lo haría la otra persona. Esto genera empatía. Incluso si no puedes sentir empatía, es posible que comprendas mejor a esa persona o sientas más compasión o amor, lo que puede ayudarte a sanar el dolor. Trata de ponerte de alguna manera en su lugar.
A = ALTRUISMO. Actúa con amor. Ofrece el perdón como un regalo altruista y desinteresado, uno que el ofensor no se merece. Todos podemos recordar cuando le hicimos daño a alguien, tal vez un padre, un maestro o un amigo, y esa persona nos perdonó. Cuando lo hicieron, nos sentimos ligeros y libres. No queríamos decepcionar a esa persona volviéndola a herir. Al perdonar desinteresadamente, puedes darle el mismo regalo a quien te lastimó.
C = Comprométete. Después de que hayas perdonado, escríbete una nota, algo tan simple como: “hoy perdoné a _____ por lastimarme”. Eso ayudará a que avance tu proceso del perdón
H = Haz que dure el perdón. Afiánzate y sostente en esa decisión de perdón. Cuando dudes de si has perdonado o no a la otra persona, repasa la frase que escribiste.
El ejercicio del perdón hacia uno mismo y a otros, requiere de un proceso personal constante. Abre tu corazón para identificar esa herida pendiente de sanar y date permiso de observar cómo sueles vivir el perdón. Recuerda…. Perdonar te liberará de todo eso que inquieta tu corazón y te impide vivir en paz.
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