Arte

Publicado el jueves, 23 de abril del 2026 a las 04:03
Saltillo, Coah.- Uno puede imaginar a Miguel de Cervantes Saavedra encerrado en una celda, sentado frente a un escritorio y pensando con tanta fuerza que le marquen las venas de su amplia frente o meciéndose la barba, con pluma en mano, pensando en cómo iniciar su libro: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Sin embargo, poco puede pensarse en las mujeres que lo rodearon: su esposa Catalina, su hermana Magdalena, su sobrina Constanza y, sobre todo Isabel, su hija no reconocida, quien vivió “una vida de telenovela, de melodrama” tan intensa como la de su padre, y cuya historia –como la del resto de mujeres–, se relata en Las Cervantas (Hachette Livre, 2026), el libro más reciente de la escritora Martha Batiz.
La autora conoció la historia de Isabel mientras realizaba una investigación para su doctorado, ahí se encontró con la idea de que “Cervantes habría escrito más, pero se tardó muchísimo con las Novelas Ejemplares por culpa de su hija que lo distraía, lo tenía preocupado y le daba muchos problemas. Y me dije ‘ah, ¿cómo que una hija?, ¿de qué se trata esto?’”, un tropezón que fue creciendo hasta encontrarse con la vida de “una hija nacida fuera del matrimonio, hija de una tabernera, que llega de adolescente a vivir con la familia de su padre cuando la madre muere. Y que la toman en la familia pero no, porque la hacen pasar como mujer de servicio”, apuntó Batiz.
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La verdad la vida de esta mujer no fue nada sencilla, me pareció que había estado muy incomprendida, porque la trataban de la hija ingrata que nunca le agradeció a su padre que la hubiera rescatado y ayudado, y por un lado es verdad, ¿no? Cervantes fue un padre inusual en ese sentido, al ocuparse de una hija legítima, muchos de los hombres en esa época no lo hacían, pero esta era una mujer muy fuerte, que realmente entendió muy bien cuáles eran las reglas del mundo en el que habitaba muy pronto, y supo cómo usarlas a su favor, porque le dio una vuelta de 180 grados a su existencia en cuanto pudo tomar las reglas”, y de esa complejidad vital surgió la necesidad de contar su vida y el impacto en de su padre.
Sin embargo, Las Cervantas va más allá, pues ahonda en las vidas personales de esas mujeres: la esposa, la hija, las hermanas y la sobrina de un hombre “al que intenté volver terrenal, quitarle la idea acartonada e inamovible del genio que creo a El Quijote. Y eso lo logré al ponerlo en relación con las mujeres que lo rodearon, porque ellas le enseñan y él aprende de ellas”.
Así, dentro de la novela –llena de rigor histórico como muestra su amplia bibliografía–, Cervantes da nombre a su personaje gracias a un tío de su esposa, pero también se inspira en las personas que ve día con día en su pueblo “en el que se moría de aburrimiento. Quizá por eso escribió a dos amigos”, añadió.
Sin embargo, son las mujeres que llenan el Quijote, las que muestran que quizá sus hermanas también influyeron dentro de la obra: Aldonsa Lorenzo, también conocida como Dulcinea; la libre pastora Marcela, o Teresa Panza. Todas ellas mujeres fuertes, inteligentes y con agencia sobre su mundo. Figuras tal vez tomadas de las mujeres que acompañaron a su creador.
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Es difícil aseverarlo, pero creo que Cervantes, por la relación tan cercana que tenía con sus hermanas, le tiene que haber dolido las situaciones, los problemas que enfrentaban las mujeres en esa época, las injusticias a las que las sometían, la crueldad con las que eran tratadas. “Entonces sí creo que mucho de eso lo transforma en Don Quijote, en mostrar mujeres que saben lo que quieren, que se defienden con argumentos sólidos, por eso sostengo que él era protofeminista, porque tenía una sensibilidad muy clara hacia el sufrimiento de las mujeres y se daba cuenta de él”, dijo.
A LEER:
Las Cervantas
Martha Bathiz
Hachette Livre, 2026
488 páginas
499 pesos
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