Arte

Publicado el martes, 11 de julio del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- En la pequeña cocina de su casa en Tacubaya, el cineasta Roberto Bolado (CDMX, 1970) lee en voz alta una afirmación sobre el jazz mexicano contenida en el libro La música en México, Panorama del siglo 20 (Fondo de Cultura Económica, 2010), y no puede ocultar su indignación.
“ No se conocen todavía documentos de la primera mitad del siglo 20 que comprueben la visita de jazzistas afroamericanos a México o la actividad de músicos mexicanos tocando jazz sino hasta la década de los 50″, escribe Géraldine Célérier en el capítulo titulado “El jazz mexicano: su encuentro con la historia”.
“Estaba rabioso el día que lo leí”, confiesa Bolado, autor del primer documental de carácter histórico sobre el género realizado en el País, y producido por completo de forma independiente.
Desde 2005, cuando arrancó el proyecto, el cineasta ha recabado suficientes documentos, incluso grabaciones, de los pioneros del género de la década de 1920 que contradicen tal afirmación.
En Notas de una vida, 100 años del jazz en México recupera a figuras como Diego Posadas y Eduardo Vigil y Robles, así como las orquestas que tocaban en el Salón México o la banda de la Cárcel de Belén. Además de las tempranas grabaciones de Ernesto “El Pelón” Riestra y su orquesta, con la canción Hay pasteles, de 1932: “Ya no hay maíz, / ya no hay frijol, / ya no hay anís, / ya no hay alcohol. / ¿Qué hay? / Hay pasteles”.
Ya en su revisión histórica El jazz en México, Datos para esta historia, publicado también por el Fondo de Cultura Económica, Alain Derbez consignó la presencia temprana del género, y Bolado, tras la lectura, decidió continuar con la investigación.
A principios de la década de 1920, el País estaba en reconstrucción tras la Revolución Mexicana, y el género no era una prioridad en el horizonte. “Y si a eso le agregamos que (José) Vasconcelos odiaba el jazz. Decía que era música del diablo”, apunta Bolado, un apasionado de esta música desde niño.
Derbez cita la censura de Vasconcelos en el tercer tomo de Ulises criollo y su visión nacionalista como Secretario de Educación Pública entre 1921 y 1924: “Proscribir exotismos y jazzes reemplazándolos con jota española y bailes folclóricos de México y de la Argentina, Chile, etc. (…) El jazz lo prohibí, lo desterré de las escuelas”.
Sin embargo, el género ya había invadido todo el País entre 1925 y 1928, según consigna Bolado en el documental. Y para 1932, en Santa, considerada la primera película del cine sonoro en México, ya sonaba el fox-trot Alma cancionera de Agustín Lara.
Para su proyecto, Bolado se entrevistó con músicos que fueron partícipes de la vibrante escena jazzística de los años 50 y 60, antes de la crisis de los 70. Muchos de ellos abrieron sus archivos fotográficos y rindieron testimonio; reunió 300 horas de grabación, entre entrevistas y conciertos.
Una historia del género con protagonistas como Héctor Hallal “El ¡rabe”, Enrique Almanza “El Jeep”, Mario Patrón, Chilo Morán, Freddy Guzmán, Leo Acosta, Víctor Ruiz Pasos, Juan José Calatayud, Hilario y Micky, Tino Contreras, Olivia Revueltas, Enrique Nery, Ana Ruiz, Antonio Sánchez, Agustín Bernal, Héctor Infanzón, Magos Herrera e Iraida Noriega.
“ Había muchos de los jazzistas que nunca los habían pelado, que nadie los había entrevistado jamás, y entonces de pronto aparece un loco que quiere hacer una película de jazz, independiente, y me enseñaban sus fotos”, cuenta.
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