Arte

Publicado el martes, 4 de abril del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- La exposición Los huecos del agua se aleja de la idealización y la folclorización del arte contemporáneo producido por creadores de los pueblos originarios al presentar una mirada crítica.
Mostrada originalmente en el Museo Universitario del Chopo en 2019, la muestra se inaugura hoy en el Museo Nacional de Arte Mexicano en Chicago, al tiempo que se expone de manera paralela, desde el 25 de marzo, en el Amparo de la Ciudad de Puebla.
Una itinerancia prevista al término de su exhibición en El Chopo, pero que se tuvo que ser postergada por la pandemia de Covid-19.
Con piezas de 23 artistas y tres colectivos seleccionados, la exposición, curada por Itzel Vargas, pretende abrir una ventana de reflexión sobre diversos temas que atañen a los pueblos originarios del País, como los desplazamientos forzados, los procesos migratorios, el racismo, la discriminación y el daño al medio ambiente, que son problemas comunes entre las comunidades.
Así como se detiene en el ling¸icidio que afecta de forma directa a los territorios indígenas ante la “imposición del español como lengua única nacional”, lo que ha implicado, según plantea Vargas en entrevista, la minorización de las lenguas mexicanas.
“ En contra de esa idealización y folclorización, para hablar de la producción de artistas relacionados con los pueblos originarios, se tiene que hablar de política. Estaríamos despolitizando si eligiéramos solamente piezas que hacen referencia, por ejemplo, a la continuidad de pensamientos ancestrales”, comenta la curadora.
Los artistas seleccionados para la exposición, provenientes de Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Yucatán, Guerrero y la Ciudad de México, “son capaces de negociar” con su pasado, incluso anterior a la llegada de los conquistadores españoles, con “un presente complejo”, expone.
Entre las piezas se reúnen instalaciones, video-arte, grafitis, murales, esculturas y pinturas, y aluden a crisis ambientales, sociales y políticas.
Ignorar esas temáticas hubiera implicado “suprimir resistencias y posicionamientos” de su contemporaneidad, dice Vargas.
Los Tlacolulokos, dupla formada por Darío Canul y Cosijoesa Cernas, se oponen, por ejemplo, a la idealización de Oaxaca a partir de la festividad de la Guelaguetza, para mostrar la presencia del tráfico de armas y drogas en el Estado, además de la lucha magisterial en Tlacolula de Matamoros, localidad de donde toman su nombre.
Para el Museo Amparo de Puebla crearon un mural con una mujer en actitud de resistencia, lleva en una mano una herramienta para cortar metal y, en la otra, porta velas, como símbolo de conocimiento, mientras que para el recinto de Chicago, en la misma actitud, protagoniza su obra otra mujer, conduciendo un tractor.
“ Algo muy interesante (de Tlacolulokos) en su obra es que la mujer siempre es una figura central, y es una mujer aguerrida, siempre viendo de frente; pueden llevar aretes propios de la región con tenis de marcas norteamericanas, y están tatuadas.
“ Para contrarrestar esta idea colorida del Estado (de Oaxaca), mucha de su obra es en blanco y negro. Pero en su obra en gran escala, la obra mural, ahí sí pueden imprimir un poco de color”, expone la curadora. Y es el caso del mural expuesto.
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