A lo largo de mi vida, he tenido muchas citas impostergables y azarosas con Frida Kahlo. La primera fue en los primeros ochentas en la Casa Azul, en Coyoacán, época en que conocí a su primera biógrafa, Hayden Herrera, quien empezaba a hacer una exhaustiva investigación acerca de la pintora mexicana. Ambas estábamos hospedadas en casa de los Saldívar en Tepoztlán y, por las noches, nos contaba muchas anécdotas a propósito de Frida. Desde entonces me dio por escribirle cartas, unas las publicaba y otras no. El caso es que me obsesioné con su vida y sus pinturas.
En junio del 2007, le escribí: “Te adopté como mi amiga, hermana, confidente y hasta como mi dama de compañía. A donde iba, allí estabas tú. Comencé a leer todo lo que se había escrito de ti y de tu obra, empecé a vestirme con huipiles como los tuyos, diario salía de rebozo, me compraba aretes largos, decoraba mi casa con canastas, etcétera, etcétera. Yo tenía mi Frida Kahlo y no quería compartirte con nadie. Pero lo que más me disgustaba era en el objeto de consumo en que te estaban convirtiendo. De ahí que muchos intelectuales, escritores y artistas se digan hartos de Frida Kahlo. No les falta razón. En fin, por lo que a mí concierne, poco a poco me he ido resignando. Lo importante es que tú y yo continuamos siendo tan ‘cuatitas’, ¿no crees?”.
En muchas de estas misivas le platicaba a Frida a propósito de todas las exposiciones que se inauguraban por todo el mundo con su obra. En una ocasión me invitaron a participar en un largo reportaje para una publicación en la cual habían elegido a varias mujeres vestidas con sus huipiles y accesorios. A mí me tocó ir vestida de novia del Istmo, con todo y su “resplandor” en la cabeza. Para la fotografía fui la única que aceptó sentarse en tu silla de ruedas. He de decir que no me incomodó, al contrario, fue como un acto de solidaridad hacia Frida Kahlo.
El sábado pasado tuve la oportunidad de visitar la Colección Gelman Santander, legado a cargo de la Fundación Banco Santander, en el Museo de Arte Moderno (MAM), colección comprada por la familia Zambrano. Al llegar con Enrique y mi amiga Sol, nos sorprendió una fila larguísima que llegaba casi del lado opuesto de Reforma, a la altura del Museo Tamayo. Hacía un calor terrible. De pronto escuché, muy quedito: “Alguien te está esperando a la entrada”, era la voz de Frida Kahlo, o bien me la imaginé.
El caso es que nos dirigimos a la puerta y allí estaba la periodista Fernanda Familiar quien, al verme entre la multitud, me dijo con una enorme sonrisa: “Tengo tres boletos para ti”. No lo podía creer. Me los entregó con una enorme sonrisa. Seguro era mi amiga Frida quien me los había enviado. Agradecimos el gesto tan oportuno y entramos al museo con cara de súper suertudos. “Gracias, Frida”, le dije muy quedito al llegar a la sala donde se encuentra esta maravillosa colección.
Después de admirar la exposición llegando a mi casa, le escribí a la pintora una carta. “Querida Frida: Por fin te volví a encontrar, después de 20 años, ya que antes muchas de tus pinturas se encontraban en una bodega, junto con algunas de Diego Rivera. Como recordarás, Natasha Gelman poseía todas estas pinturas que pasaron a manos del albacea Robert Littman quien, por cierto, vendió indebidamente el acervo a empresarios regiomontanos a pesar de que Natasha lo había heredado al pueblo de México. Para Gelman era muy importante que la colección se mantuviera unida, junto con las obras de Diego Rivera, María Izquierdo y David Alfaro Siqueiros. En total son 160 piezas. Pues bien, la colección se desintegró pasando por encima del testamento de Natasha y de las autoridades culturales.
“Y ahora, querida Frida, nos preguntamos, ¿por qué no podemos tener estas colecciones aquí en nuestro país? ¿Por qué tienen que salir a Nueva York a subastarse en la Casa Sotheby’s como sucedió en 2024? Y ahora los del Banco Santander están encantados con la adquisición y la familia Zambrano de Monterrey por haberla comprado a la Fundación Vergel creada por Littman.
“No te puedes imaginar, mi querida Frida, la cantidad de gente que se encontraba en el Museo de Arte Moderno, eran miles y miles de personas. La mayoría mexicanos y mexicanas que queremos que esa colección se quede en nuestro país y no se desintegre. Según la Presidenta, la obra será declarada monumento artístico y volverá a nuestro país en 2028, ‘aún cuando sea una colección privada’”.
Más sobre esta sección Más en Nacional