Uno de los daños colaterales de la pandemia, especialmente en el periodo de confinamiento, fue que se desató la violencia intrafamiliar.
Como que la convivencia forzada sacó lo peor de los ciudadanos y muchos hombres, desgraciadamente muchos, sacaron a flote al monstruo que traían dentro y empezaron a descargar todas sus frustraciones y miserias en sus esposas e hijos.
La etapa de confinamiento terminó hace más de año y medio y hoy de la pandemia quedan remanentes, pero ese daño colateral no solo sigue vigente, sino que incluso aumenta.
Tenemos otra pieza del rompecabezas que nos ayuda a dimensionar el tamaño actual del problema: el albergue de la Fundación Luz y Esperanza se encuentra saturado y con lista de espera, a consecuencia del incremento de violencia extrema contra las mujeres, según lo advierte Rosa María Salazar, directora de la asociación civil.
Una pieza más del rompecabezas, mujeres que buscan un espacio seguro donde resguardarse y también poner a salvo a sus hijos. Son mujeres que sufren violencia extrema y sus vidas y las de sus hijos corren peligro.
Con la pandemia brotaron muchos monstruos que desgraciadamente siguen sueltos, y por ello centenares, por no aventurar que, miles de hogares en Saltillo, son hoy verdaderos infiernos.
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