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| Su legado de memoria, verdad y justicia permanece vivo en la historia trasandina. Foto: Especial

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Muere Elsa Pavón, fundadora de Abuelas Plaza de Mayo

  Por La Jornada

Publicado el jueves, 5 de noviembre del 2026 a las 15:07


Fue la primera en recuperar a su nieta mediante análisis genéticos tras la dictadura argentina.

Buenos Aires.- La activista argentina Elsa Beatriz Pavón, cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y primera abuela en recuperar a su nieta secuestrada por la dictadura a través de análisis genéticos, falleció este jueves a sus 90 años de edad, informó la organización Abuelas de Plaza de Mayo en su página oficial.

“ Nos duele contarles una noticia muy triste para nosotros, el fallecimiento de nuestra lúcida y sabia presidenta, la querida Elsa Pavón”, anunció la entidad y destacó su trayectoria en la lucha por la verdad, la memoria y la justicia.

Elsa Pavón cayó enferma cuando le comunicaron que su hija, su yerno y su nietita de 23 meses habían desaparecido. Le costó varios días recuperarse de la fiebre. Como pudo, se sentó en la cama y se dijo a sí misma: “Si me muero, nadie va a buscar a los chicos”. Se vistió y salió de su casa, recuperó el medio Página12.

La búsqueda de Paula

Paula Eva Logares iba a cumplir dos años el 10 de junio de 1978. Para ese día, su abuela Elsa tenía previsto estar con ella en Montevideo, donde la nena vivía con sus padres, Mónica Sofía Grinspon y Claudio Logares.

Ambos se habían ido a Uruguay en mayo de 1977. Eran militantes de Montoneros y habían escapado de la represión de la dictadura. Las largas garras del aparato estatal los alcanzaron el 18 de mayo de 1978. Con el tiempo se supo que habían pasado por la brigada de San Justo y el Pozo de Banfield.

Pasaron días hasta que Elsa supo de las desapariciones. Cuando logró reponerse, Elsa empezó a moverse. Acudió a organismos que ya estaban funcionando, como Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) le dio los fondos para que pudiese viajar a Uruguay para averiguar qué había pasado con su familia. Ella caminó y caminó, pero volvió sin respuestas.

Llegó a un juzgado de menores de La Plata. Se sentó en un banco y se puso a llorar. Una mujer se le acercó y le preguntó qué le pasaba. Era “Chicha” Mariani. Le dijo que ellas estaban buscando a chiquitos que se habían llevado con sus padres y a otros que habrían nacido en cautiverio.

–Sin audiencia, no te van a atender. Si querés, entrá con nosotras y te van a recibir– le sugirió “Chicha”.

Desde entonces, nunca se separaron. Elsa se convirtió entonces en una de las primeras integrantes de las Abuelas. Tiempo después, “Chicha” viajó al exterior. En la organización Clamor, que funcionaba en Brasil, le mostraron unas fotos de una chiquita que supuestamente era uruguaya. La persona que había llevado las imágenes escuchó a la mujer que se presentaba como su madre recriminarle a su marido: “Vos mataste a los padres y ahora me trajiste a esta chiquilina para joderme la vida a mí”.

“Chicha” regresó convencida de que era Paula. A Elsa le costó aceptarlo. Sin embargo, había una dirección y ella, cual detective, decidió ir a investigar. La tercera vez que fue logró ver a la nena. Ya no tenía dudas: era su nieta.

Cuando regresó, los apropiadores se habían mudado. Otras Abuelas la asistieron en la búsqueda, pero no tuvieron éxito. Paula se había perdido otra vez.

Para junio de 1983, las revistas publicaban las fotos de los chiquitos que las Abuelas de Plaza de Mayo estaban buscando. Había afiches también en la vía pública. Una persona vio la foto de Paula y supo que era la nieta que Elsa buscaba. Emilio Mignone atendió esa llamada y fue él quien le avisó a “Chicha” Mariani.

Abuela y detective

Elsa volvió a desarrollar sus habilidades como detective. Los apropiadores de su nieta vivían en Chacarita. Ella había decidido mimetizarse con el barrio. Todos los días partía desde Banfield, en el sur del conurbano bonaerense, hacia la Capital Federal. Hacía las compras allá y registraba los movimientos.

En una oportunidad, vio que su nieta bajaba de un micro. Rápidamente, tomó un anotador y registró la patente. Después le pidió a una de sus hijas que la llevara con su auto a seguir el colectivo. Aprendió el recorrido y llegó a la escuela de Paula.

Al principio, Elsa estaba desconcertada. Esperaba encontrarse con una nena que estuviera en segundo grado de la escuela primaria, pero se encontró con una chiquita que todavía estaba en preescolar. Eso la hizo dudar, y les pidió a su cuñada y a su marido que fueran ellos a comprobar.

El 13 de diciembre de 1983, primer día hábil desde el retorno de la democracia, Elsa presentó la denuncia por la apropiación de su nieta. Con “Chicha” Mariani y el equipo de Abuelas de Plaza de Mayo montaron guardia en los tribunales hasta que el juez ordenó el allanamiento. Antes de que llegara la policía a la casa del subcomisario Rubén Lavallén y Raquel Leiro, ya estaban apostadas en una esquina Elsa y Mirta Baravalle.

La genetista Mary-Claire King llegó al país justo el día en que llevaron a Paulita al Hospital Durand para realizarse los análisis de sangre. King había desarrollado el índice de abuelidad y fue quien pudo hacer los exámenes.

Elsa esperaba ansiosa en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. El perito de parte le había dicho que enfriara una sidra por si tenían que festejar. Al rato, la llamó y le dijo: “Preparen las copas. Paula es Paula”.

Pasaron largas semanas hasta que Elsa pudo encontrarse con Paula. Fue en los tribunales. Ella llegó con fotos. Pensaba que esas imágenes podrían refrescarle la memoria. Pero fue un sonido el que la desarmó: el que Paula pronunciaba cuando quería decir el nombre de su papá. Paula era Paula.

En 1984, los análisis genéticos confirmaron el vínculo familiar y Paula fue a vivir con su abuela. El caso fue el primero resuelto a través de un método científico desarrollado para establecer vínculos genéticos cuando los padres estaban desaparecidos en Argentina.

Pavón continuó durante décadas la búsqueda de los hijos y nietos de otras abuelas desaparecidos, y participó como querellante en causas judiciales emblemáticas, entre ellas las vinculadas con el robo de menores y los crímenes del Plan Cóndor.

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