Arte

Publicado el lunes, 18 de diciembre del 2023 a las 06:35
Ciudad de México.- El Museo del Templo Mayor (MTM) presenta una exposición única en su tipo, por la delicadeza de la antigua madera que constituye las piezas mostradas, por la variedad de estas y también porque por vez primera se reúne un conjunto tan numeroso de obras mexicas talladas en este material: 145.
Insignias de los Dioses, La Madera en el Templo Mayor es el título de la exhibición que permanecerá abierta al público hasta el 28 de enero en el recinto del Centro Histórico, con una colección de objetos ornamentales, como cetros y máscaras –muchas en miniatura y asociadas a deidades mexicas, sobre todo Tláloc y Huitzilopochtli–, herramientas, instrumentos musicales, recipientes, armas y utensilios domésticos.
Además, como se hace patente en el recorrido, los mexicas se transportaban en canoas de este material y lo empleaban, también, en sus edificaciones.
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Según las crónicas del siglo 16, el propio Hernán Cortés, Bernardino de Sahagún o Bernal Díaz del Castillo quedaban maravillados por los bosques que teníamos en la Cuenca de México, una fuente muy rica de recursos naturales. Teníamos bosques mixtos en las partes altas de las montañas y en las partes bajas los bosques de riberas, que están asociados a cuerpos de agua, a ríos o lagos”, señala en entrevista el arqueólogo Víctor Cortés, curador de la muestra junto a las restauradoras María Barajas y Adriana Sanromán.
Para fabricar objetos de madera, los mexicas recurrían al pino, al abeto, al cedro, al ahuehuete, al aile y al tepozán, especies de la Cuenca de México que han sido identificadas por el Proyecto Templo Mayor (PTM), en una investigación que involucra también a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel del Castillo Negrete (ENCRyM).
Un 80% de los objetos hallados en las ofrendas excavadas por el PTM corresponden a pináceas, revela María Barajas, coordinadora de los trabajos de restauración en la zona arqueológica, y quien destaca la singularidad del acervo de vestigios en madera procedentes de Tenochtitlán.
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Creo que no existe otra colección en Mesoamérica (de este material) que sea más numerosa que la nuestra. Estamos hablando de 2 mil 550 objetos, entre los que se encuentran obviamente piezas completas, incompletas y fragmentos”, detalla Cortés.
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Aunque es un recurso abundante y que sí fue muy utilizado desde la época prehispánica, y también actualmente, la madera, por su propia naturaleza, es muy vulnerable y es muy difícil que se conserve en los contextos arqueológicos.
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Aquí tenemos la gran fortuna de que se ha encontrado bien conservada por el tipo de contexto, sobre todo en condiciones de mucha humedad, casi anegamiento total. Eso ayudó a que los objetos se conservaran hasta nuestros días”, añade Barajas.
La humedad permite mantener una temperatura constante, condición óptima para la preservación de una pieza, y a la vez produce anoxia, es decir, la priva de oxígeno. No obstante, es un ambiente que también puede deteriorarla, advierte Sanromán.
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¿Esto qué quiere decir? Que aunque la humedad nos está ayudando a que la madera se preserve, también la está degradando. Literalmente es una carrera contra el tiempo. Tuvimos la fortuna de encontrar estos objetos bien preservados. Quizá si los hubiéramos intentado excavar 20 años más adelante, no estarían como los tenemos hoy”, añade.
Además de las piezas expuestas, la exposición destaca el proceso para su preservación, que consiste en sustituir el agua del interior de la madera por azúcares sintéticos, cuya concentración aumenta paulatinamente hasta producirse una especie de miel muy espesa. Después se enjuaga y seca en una labor que requiere entre nueve y doce meses, explica Sanromán.
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