Arte

Publicado el lunes, 19 de diciembre del 2022 a las 03:30
Ciudad de México.- Las Bibliotecas Personales cumplen una década de acercar al público acervos de autores como José Luis Martínez, Carlos Monsiváis, Alí Chumacero, Jaime García Terrés y Antonio Castro Leal, cuyas joyas se exhiben en Gabinete de curiosidades, muestra que presenta la Biblioteca de México José Vasconcelos con motivo de la efeméride.
“ En cada una de esas bibliotecas, provistas de una especie de fondo reservado, tenemos muchísimos libros raros, curiosos, porque (los autores) eran coleccionistas que tenían a sus propios distribuidores, quienes les llevaban libros de 100 o 200 años de antig¸edad o ediciones extrañas”, señala José Mariano Leyva Pérez Gay, director del recinto de La Ciudadela que resguarda estos acervos.
Una selección de obras excepcionales, como un libro del Quijote con ilustraciones de Salvador Dalí; la primera edición de Cien años de soledad, del Nobel colombiano Gabriel García Márquez dedicada a José Luis Martínez; la Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz, en 1812, o Chocolata Inda, uno de los primeros libros sobre el cacao y sus atributos, de 1644, forman parte de la muestra con un centenar de títulos y documentos, lo mismo literarios que esotéricos, geográficos, eróticos o míticos.
“Las bibliotecas personales, sobre todo en personajes como ellos, siguen siendo una extensión de su propia vida: fueron su vida en buena medida y en ellas se encuentra una faceta muchísimo más profunda de cada uno de los escritores”, puntualiza Leyva Pérez Gay.
Es el caso de la biblioteca de Monsiváis, que dispone de una suerte de “callejón” o área para títulos de homosexualidad y cultura queer.
“ Es una enorme cantidad de materiales que constituyen una biblioteca en sí misma, con un tema único que en ese momento no estaba tan en boga, y se vuelve una colección muy interesante para la cultura de la diversidad sexual, y también habla mucho del propio Monsiváis”, indica Leyva Pérez Gay.
Proyecto único
Javier Castrejón, coordinador de las Bibliotecas Personales, considera que estas se han convertido en un Palacio de la Cultura donde habita la memoria intelectual del Siglo 20.
“ Este proyecto es único en América Latina y en el resto del mundo: son bibliotecas personales con edificios dedicados exprofeso”, dice Castrejón sobre los espacios -cada uno con su propio diseño arquitectónico- que concentran, también, fondos documentales de los escritores.
Gabinete de curiosidades, título de la muestra, alude al ancestro de los museos a finales del siglo 19, que reunía una colección miscelánea de objetos extraños y raros, refiere Leyva Pérez Gay.
Igualmente miscelánea es la exposición, como se advierte en las secciones que la conforman: Tesoros y maravillas, Cuerpo y placeres, Territorios y geografías, Palabras prohibidas, Magias y prodigios, y Mitos y fábulas.
“ Con un vistazo, digamos, la gente puede darse cuenta de lo que hay dentro de cada una de las bibliotecas, cuyo concepto es mitad museo, mitad biblioteca, y a veces piensan que no puede entrar”, explica.
“ Lo que intentamos también con esta exposición”, añade, “es que revisen de qué se tratan (las colecciones) y se animen a entrar, porque hay libros tremendamente académicos, y otros que no lo son, y (todos) pueden despertar la curiosidad de cualquiera”.
Menciona, por ejemplo, un libro del acervo de Monsiváis, escrito por Isaac Asimov, que se propone explicar los eventos narrados en la Biblia, como la división de Mar Rojo, a partir de los conocimientos científicos disponibles en ese momento.
En la exhibición puede hallarse también una réplica de un pergamino del Mar Muerto, así como libros que examinan la magia -como uno dedicado a Cagliostro, el alquimista del siglo 18- u otros referentes a la telepatía.
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