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Ni Dinamarca

Por Sergio Sarmiento

Hace 4 años

“Ya tenemos que terminar de resolver el problema del desabasto de medicamentos”.  Andrés Manuel López Obrador

Ante el regaño público del presidente López Obrador, el 10 de noviembre al titular del Insabi, Juan Ferrer, y al secretario de Salud, Jorge Alcocer, el primero quiso congraciarse y ofreció el 29 de noviembre una promesa sorprendente: “El propio laboratorio va a entregar el medicamento en la casa del paciente”.

Podría uno pensar que Ferrer, quien asumió la titularidad del Instituto de Salud para el Bienestar, sin experiencia previa en salud, simplemente se habría equivocado.

Pero no, afirmó con mucha confianza que “ya el anexo técnico de esta adquisición que estamos haciendo para 2022 lo contempla así”. Y añadió: “El propio laboratorio va a entregar con sus operadores logísticos y enviará una fotografía digital del abasto en domicilio al paciente y, con eso, tenemos la libertad de pagarle de inmediato. Tenemos que volverlos más eficientes”.

Quizá deberíamos estar orgullosos: este es un sistema que no tiene ni Dinamarca. Y con razón. Parece imposible crear ese Uber de los medicamentos con el que sueña el titular del Insabi.

Nombrar a personas sin conocimiento a posiciones técnicas tiene un costo enorme para la sociedad. Ferrer parece incapaz de entender la magnitud de la tarea de distribución de medicamentos para el sector público.

El sistema requiere la compra y distribución de mil 380 claves de medicamentos, y cientos más de materiales de curación, con requerimientos distintos de refrigeración, almacenamiento y caducidad, los cuales deben llegar a por lo menos 4 mil 500 centros de salud. En un año normal deben distribuirse mil 800 millones de piezas de medicamentos en una logística extraordinariamente compleja.

Hasta ahora el Insabi no ha podido comprar los medicamentos, mucho menos distribuirlos. Llevarlos directamente a los hogares multiplicaría de manera extraordinaria la complejidad del sistema. Son miles los pacientes de cada centro de salud.

El titular del Insabi no parece entender siquiera la magnitud del problema. En la citada presentación se enorgulleció de que en este 2021, se han comprado “mil 54 claves”, “707 de medicamentos” y “343 de materiales de curación”.

“Al momento se han entregado 270 millones de piezas y se tiene programada la entrega de 60 millones de piezas adicionales en diciembre del 2021. En total se han contratado 878 millones de piezas por un monto de 44 mil 697 millones de pesos”.

Con razón se mantiene el desabastecimiento. Estas cifras están muy lejos de cubrir las mil 380 claves y mil 800 millones de piezas que se necesitan al año.

Al paso que vamos, no se resolverá el problema tampoco en 2022. Ferrer dice que para el primer semestre de 2022 se ha realizado ya la compra de 549 millones de piezas correspondientes a 548 claves de medicamentos y 336 de materiales de curación. Tampoco es suficiente.

El problema ha sido generado por el propio Gobierno. El Presidente tomó la decisión política de cancelar las compras consolidadas que manejaba con bastante eficacia el IMSS, por una supuesta corrupción que no se ha comprobado, y descartó un sistema de distribución construido con décadas de esfuerzo.

El Insabi y la Secretaría de Salud han tratado de resolver el problema a palos de ciego, sin entender realmente la naturaleza del problema, sin considerar las consecuencias.

De nada sirven los regaños del Presidente ni que el jefe del Insabi prometa que construiremos un sistema de distribución directo a los hogares. que no tiene ni Dinamarca.

 

Cerradas

La escasez de oncológicos pediátricos comenzó con el cierre de la planta de PISA en Coyoacán, que hasta la fecha la Cofepris no ha permitido reabrir. PISA ha terminado otra planta oncológica en Tlajomulco, Jalisco, iniciada antes de este sexenio, y está en trámites para operar. Estas dos plantas resolverían por sí solas el desabastecimiento de oncológicos.

 

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