Fuera de cualquier preferencia política o ideológica, de crítica o de ensalce a las bondades de un gobierno, o de estar a favor o no de una administración, es necesario, ahora, reflexionar sobre la unidad y el cierre de filas en torno a un mismo liderazgo en la entidad: el gobernador Miguel Riquelme Solís.
La crisis que parece vivirá Coahuila, no es para menos. Sociedad civil, sector empresarial, la academia, partidos políticos, legisladores, quienes laboran en las administraciones públicas, defensores de derechos humanos, el sector salud, deportivo, cultural, los activistas, etcétera, se pronunciaron -de manera plural -en torno a una misma preocupación que tiene absoluta relación con el desdén de la Presidencia de la República, por atender las prioridades del estado, que tras el anuncio de la desaparición de fideicomisos y la limitación de aportaciones federales para el 2021, verá mermado el desarrollo y la posibilidad de crecimiento económico.
Este 2020, y en medio de la alteración de actividades educativas, la limitación de inversión privada, el cierre de empresas, la pérdida de empleos y el reto de la Administración estatal para atender el tema de salud frente a la emergencia por el coronavirus, Coahuila ha tenido que reconfigurar su planeación presupuestal y rediseñar estrategias para evitar que la población y los enfermos saturen los hospitales locales.
Ahora el tema es ¿qué pasará en 2021? Esto, frente a la afectación en la calidad de vida de las y los coahuilenses por los recortes presupuestales anunciados desde el Gobierno federal, la crisis por la pandemia y la posible ruptura del obsoleto pacto fiscal, que por cierto data de 1978.
En su discurso del lunes 26 de octubre, desde la sede del Ejecutivo en Saltillo, y frente a representantes de sectores y los poderes del Estado, el gobernador Miguel Riquelme dijo textual: “Ya le pedimos al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que asuma una visión de estado, que rectifique el proyecto de egresos que propuso a la Cámara de Diputados y no se lastime aún más a nuestras entidades”.
Y al fijar su postura, y de manera simultánea con gobernadores de Aguascalientes, Chihuahua, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León y Tamaulipas, Riquelme recalcó “No estamos mendigando favores, la misión que nos confió el pueblo es de honor y de justicia, no de granjerías ni bagatelas”, así al parafrasear al coahuilense Miguel Ramos Arizpe, llamado el “Padre del Federalismo”.
Hoy por hoy, Coahuila vive momentos decisivos. El Covid-19 detonó una problemática que tiene a prueba a la población no solo del estado, sino del país y a nivel mundial. El panorama exige una visión de largo plazo, estadista y de unidad. Coahuila no merece ser relegado o limitado en su crecimiento económico, en el desarrollo e inversión pública.
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