Tal vez al principio, con la instalación de un nuevo gobierno y por la forma como llegaron los “nuevos” funcionarios no pocos creyeron que se iba a actuar con justicia y se iba a ver a los presuntos culpables en la cárcel.
Un día sí y otro también desde que el actual presidente ganara las elecciones, hemos escuchado la misma historia, las mismas frases, el mismo coraje hacia lo pasado. Han pretendido que creamos que todo lo pasado fue malo, que todos los gobiernos fueron corruptos, que quien milita en otro grupo político o piensa diferente a quien gobierna es corrupto.
Si eso fuera cierto, la primera pregunta que me viene a la mente es: ¿Cuando formaron parte de partidos que hoy critican, no se dieron cuenta que había corrupción? Yo no lo creo.
En realidad, los que abandonaron el “barco” en un momento determinado lo hicieron con profundo rencor porque no les dieron lo que pedían o lo que aspiraban. Tenemos el ejemplo en el inquilino de Palacio. Un resentido que no solo insulta, sino que es capaz de difamar a quien no está de acuerdo con lo que el dice. “Si no están conmigo, están contra mí”.
Frase por demás absurda de alguien que está hecho para la confrontación, el insulto, la mentira, más no para gobernar. No porque yo lo piense y lo diga, sino porque los hechos lo demuestran. Tres años y no sale de lo mismo. Lanzando acusaciones un día sí y otro también y lo que es peor, sin sustento.
Aún tengo presente aquella escena cuando abrieron al público las puertas de Los Pinos, ex residencia oficial de presidentes. Un señor ya mayor se hincó emocionado porque iba a entrar a conocer esa mansión. ¿Qué fue eso? ¡Por favor!
El recorrido de las cámaras por los distintos salones de la residencia y alguien detallando la visita guiada de una manera torpe. Que no encontraron las vajillas porque se las habían llevado. ¿Quiénes saquearon Los Pinos? ¿A dónde se llevaron muebles y todo lo que en la casona había? ¿Durante la transición no se dieron cuenta? ¿Por qué esperaron tanto tiempo para informar de la desaparición de lo que debió estar en inventario?
Nada se ha vuelto a mencionar de las supuestas pérdidas o robo de Los Pinos. ¿Dónde están los ladrones? ¿Dónde están los objetos recuperados? ¿Fue verdad o una más de las mentiras del actual gobierno?
Al no esclarecer tan graves señalamientos, queda claro que todo lo que se dijo durante la campaña y se ha seguido diciendo en contra de personas o grupos, solo fue con un propósito: desprestigiar a los adversarios políticos.
Lo del avión, otra torpeza. Eso de que ni Obama tenía uno igual, tiene razón el presidente. El avión presidencial de los Estados Unidos debe ser mucho mejor que el de México. Nadie lo pone en duda.
Se ha criticado mucho lo que otros hicieron. Derroches con dinero del pueblo; sin embargo, no se nos ha dicho quiénes participaron y cuánto se llevaron. No nos digan lo que ya se ha sospechado y que con “arreglos” en lo oscurito se resuelven.
Afirman que no son iguales a los que se fueron. Nos queda claro, no son iguales, son peores.
¿Cómo creer que son mejores si salieron de un partido al que tanto le tiran? ¿Cómo creer que son honestos cuando desaparecen los fideicomisos que otros gobiernos dejaron? ¿Por qué creer que les importan los pobres si los dejan desprotegidos?
La pandemia vino a darnos una lección que debemos de aprender. Al actual presidente le ha importado más sacar adelante sus proyectos, sus caprichos, que la salud de millones de mexicanos.
Poco importan los niños enfermos con cáncer que no han recibido su tratamiento y debido a ello, algunos han fallecido. Se eliminó el seguro popular por supuestas corruptelas. Sin embargo, ese beneficio lo tenían. ¿Ahora? Dejaron desprotegidos a miles de familias.
Para entender la situación de quienes tienen un paciente con una terrible enfermedad como lo es el cáncer, solo debemos ponernos en sus “zapatos”. ¿Qué haríamos por un hijo? ¿O por un ser querido si vemos que su vida está en riesgo? Sin duda lo que fuera.
Tres años han transcurrido del actual gobierno, tiempo en el que solo se ha visto a un individuo que un día se obsesionó con ser presidente, y que con el tiempo logró el triunfo gracias a sus discursos de odio y mentiras. Ya en el poder, prefirió seguir en campaña, demostrando que no es lo mismo polarizar que gobernar.
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