Es difícil pensar lo que imaginaría el general Lázaro Cárdenas del Río, después de más de 80 años de haber nacionalizado la industria petrolera, Petróleos Mexicanos (Pemex), ahora que la mayor empresa del estado esté convertida en una “bomba de tiempo”.
Escuchaba una ponencia de un grupo de economistas que se reunieron en San Lázaro, hace unos días, y analizaban la situación de Pemex, frente al incremento en los precios del combustible y la crisis que registra la petrolera desde hace años, gracias a las malas decisiones de los gobiernos,
principalmente.
Los analistas decían que para evitar que la empresa lleve al país a un problema económico profundo y de grandes alcances, es importante tomar parte de la deuda que supera los 2.6 billones de pesos, algo así como 10% del Producto Interno Bruto (PIB), para iniciar con el rescate.
Derivado de las millonarias pérdidas netas de casi 2 billones de pesos en la primera parte del Gobierno federal actual, y la contracción en la producción, además de la quiebra de Pemex, el país sería llevado, como consecuencia, hacia una crisis grave y de afectaciones presupuestales para los estados de la República.
Aunado a la crisis en la petrolera el precio de la gasolina sigue en aumento. Esto, a pesar de las reformas legales y de la apertura de mercados para que nuevas distribuidoras compitieran en la venta del combustible. Aún así, el costo por litro del energético sigue incrementando y, con ello, arrastra alzas en los artículos de la canasta básica.
Pero absorber las deudas de Pemex y los excesos de líderes sindicales y directores que pasaron por la petrolera, sería como abrir más ventanas a la corrupción y al dispendio en una industria que es el principal activo del país.
Los especialistas opinan que la deuda de Pemex se estima en los 114 o 115 mil millones de dólares. La empresa es la más endeudada en todo el mundo. En este 2022 tendrá que pagar vencimientos por más de 20 mil millones, cantidad que alcanzaría para financiar cuatro años el gasto anual de al menos una docena de programas u obras emblemáticas de la Presidencia de la República, como ejemplo: el Tren Maya, el Tren Interurbano México-Toluca o el Aeropuerto Felipe Ángeles.
Recientemente, la evaluadora de riesgo crediticio Moody’s estimó que este año Pemex requiere “oxígeno” del Gobierno federal por 15 mil 700 millones de dólares. Ese monto representa 75% de los vencimientos de capital en este periodo.
La situación es delicada y en este momento, en medio de la agenda nacional, pocos hablan del S.O.S. que ha lanzado la petrolera, que en buena parte sostiene la economía del país y a la que han afectado los supuestos malos manejos, la deuda con proveedores, la falta de transparencia, la escasa regulación y fiscalización del gasto.
Es urgente voltear a ver a Pemex y revertir los números rojos que registra, y no esperar a las épocas electorales y de promesas de campaña.
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